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10. El investigador que interrogaba a las plantas

En 1973 se introduce en esta historia el profesor Max Frei, criminólogo, director del gabinete científico de la Policía de Zurich y perito de Interpol, además de ser redactor especializado en el periódico alemán Kriminalistik. Con una mente bien despierta, un olfato instintivo y un largo entrenamiento en todos los campos de investigación, este doctor Frei es también uno de los mejores expertos en el ámbito de una nueva disciplina bastante nueva, la llamada polinología.

¿Que es la polinología? El término fue creado en 1944 por los botánicos ingleses Heyde y Williams, de la raíz griega palé que quiere decir harina, polvo, en directa relación al polen y a las esporas vegetales. Cuando una flor llega a su madurez, libera de las anteras de sus estambres un tenue, casi impalpable polvo viviente; es el polen. Transportado sobre todo por el viento, está destinado a alcanzar el ovario de una flor de la misma especie, y realizar así la fecundación. El color del polen, es generalmente amarillo, rosado, celeste, marrón o blanco. Cogidos uno a uno, estos granos son verdaderamente microscópicos; hay algunos que miden apenas 2’5 micrones.

Y además, estos pequeños granos, precisamente porque contienen en su interior la preciosa chispa de una nueva vida, están preparados de modo completamente funcional: dotados de apéndices para adherirse mejor al cuerpo de los insectos que los transportan, o de sacos auríferos para ser llevados por el viento, tienen una capa externa muy fuerte, resistente incluso a ácidos o substancias cáusticas existentes en la naturaleza, como el calor estival o las heladas invernales, y que a su vez explotará espontáneamente en el tiempo de la fecundación, al hincharse el protoplasma.

Es casi increíble la cantidad de polen que en la época de floración se esparce alrededor de una zona verde, dispersándose en la atmósfera prácticamente por todas partes. Basta pensar que de un solo metro cuadrado de bosque poblado de alisos sería posible recoger 2.160 millones de granos, o igualmente de un matorral de retama en flor de un metro cuadrado unos 4.060 millones de ellos.

La ciencia en cuestión constituye una rama de la micropaleontología y ha ido adquiriendo una importancia creciente en el cuadro de la apasionada atención que el hombre dedica a la prehistoria. El estudio del polen conservado en estado fósil en los fangos de los lagos o de los pantanos se realiza extrayendo, por medio de sondas, muestras de limo de los distintos niveles de profundidad. El análisis realizado en laboratorio permite establecer el llamado espectro polínico, que da una idea bastante precisa de la flora existente alrededor del depósito en una época determinada. De este modo puede saberse cómo era la vegetación de un determinado paisaje en épocas lejanas. A los ojos de un paleo-botánico aparecen los bosques de gigantescas coníferas de antiguas eras geológicas, los jardines de la época faraónica o babilónica, y también las laderas de olivos de las colinas palestinas, las llanuras sembradas de trigo, las viñas, higueras, moreras y sicómoros alrededor de cada poblado, las adelfas y cañas de las riberas del Jordán y del lago Tiberíades.

En cuanto al procedimiento de análisis de la polinología, consiste esencialmente en poner las microesporas aisladas de determinado material en un pequeño cristal, dejando caer después encima una gota de glicerina y de substancias colorantes. De este modo, gracias al aumento del microscopio, se puede proceder a contar los granos de polen y el porcentaje de las distintas especies presentes.

Max Frei, encargado de autenticar las fotografías que una comisión científica había tomado, al examinar detenidamente la tela, observa la presencia de esporas de polen sobre la Sábana y obtiene permiso para recoger unas cuantas muestras, que él llama microhuellas.

En presencia de testigos calificados y con la autorización previa de las autoridades competentes, el doctor Frei recorre por un momento con la vista toda la superficie de aquella larga tela que está investigando. Después, con gestos medidos y precisos aplica a lo largo del borde de la tela pequeños trozos de una cinta adhesiva especial. Finalmente los quita con delicadeza, colocándolos dentro de un recipiente especial, después de haberlos clasificado según las respectivas áreas de control.

Ahora tiene a su disposición toda una serie de muestras de polvo. Como policía científico, está acostumbrado a estos procedimientos. En las investigaciones realizadas en los laboratorios de la policía, se consigue detectar, con la ayuda de rayos infrarrojos o ultravioletas, huellas borradas incluso con productos químicos, o saber que un sobre cerrado y sellado ha sido abierto y vuelto a cerrar. Otras veces una gota de líquido que queda en el fondo de un vaso o una microscópica sección de cabello puede tener gran importancia.

Del mismo modo, este investigador considera que el polvo depositado sobre la Sábana en veinte siglos podría ser un auxilio muy importante para conseguir parte de la verdad en relación a la Reliquia conservada y venerada en Turín. ¿No han resultado determinantes a veces, a efectos de una investigación, las huellas digitales o un sencillo filtro de cigarrillo? ¿No se ha resuelto más de un delito basándose en el examen de pruebas imperceptibles?

Otro experto en los secretos de la policía científica, el comisario Nardone, ha escrito que es deber de los especialistas

«definir las características del arma contundente o de corte utilizada para golpear una víctima con la sola observación del tipo de herida o contusión producido, determinar si un cristal se ha roto desde dentro o desde fuera, averiguar de quién son determinadas huellas o qué tipo de neumático ha recorrido una carretera, a qué objeto pueden pertenecer los microscópicos fragmentos encontrados en las hendiduras del suelo, o entre los huecos de una suela» (M. Nardone, Il manuale del giovane detective, Milán 1971, 26).

De estos métodos de trabajo parte Max Frei. Por una parte, debe filtrar cuidadosamente el contenido de sus microfósiles, para aislarlos de los infinitos restos de materia orgánica e inorgánica depositados entre la trama oblícua de la Sábana Santa, en forma de sarga o cola de pescado. Examina cada muestra bajo el potente rayo de luz polarizada del microscopio electrónico.

El doctor Frei ha concluido sus búsquedas preliminares y, presentando una relación en el II Congreso mundial de estudios sindonológicos, muestra detalladamente los resultados a los que ha llegado después de cinco años de análisis. En su exposición confirma que sobre la Sábana Santa se encuentra, efectivamente y en una cantidad notable, el polen de varias plantas que crecen en diversos lugares. De este modo se conoce el trayecto hecho por la Sábana Santa en su peregrinación desde Palestina hasta Turín, en la Italia septentrional, a través de la región del Bósforo, Francia y los Alpes occidentales. La comparación de sus características

«con las de granos de igual polen y de la misma edad, encontrados en las mismas regiones» confirma la intuición que tuvo este genial detective, que el 8 de marzo de 1976 afirmaba: «la presencia de polen perteneciente a no menos de seis especies de plantas palestinas, a una especie de Turquia, y a ocho especies mediterráneas, nos autoriza desde ahora, incluso antes de completar la identificacion de todos los microfósiles, a llegar a la siguiente conclusión: “la Sábana Santa, no puede ser una falsificación”»

Igualmente explicaba el doctor Frei sus investigaciones en un debate televisivo sobre la Sábana Santa emitido el 30 de marzo de 1978:

«Examinando las muestras de polen tomadas de la Sábana Santa, esperaba descubrir detalles de su historia. Deje que le muestre lo que he descubierto. Esta, por ejemplo, pertenece a una haya –fagus selvatica–, esto es el polen del tejo –taxus baccata–… y una docena de otras especies de origen europeo, que no hacen más que confirmar lo que ya sabemos: que la Sábana Santa fue expuesta al exterior en Francia y en Italia. Pero después he encontrado esto: Linum mucronatum, Romaria hibrida, y Glatzium grandifloram, la Onosma gigantes, la Astragalos… Y mientras las imágenes mostraban ampliados los granos y esporas mencionados por el doctor Frei, el comentarista explicaba que se trataba de “pólenes y fibras de nuevas especies de plantas que crecen solamente en Turquía y que demuestran que Lirey, en Francia, no puede ser su país de origen”».

Después el científico continúa:

«La presencia de un número tan considerable de polen de plantas que crecen en Turquía me hace llegar a una conclusión fundamental, esto es, que en un momento de su historia, la Sábana Santa debe haber estado expuesta al exterior en el sur de Turquía o en las cercanías de Estambul».

Pero no fueron ésos los únicos pólenes que él había aislado e identificado en sus análisis de la Sábana de Turín. Max Frei contaba cómo le habían intrigado ciertas partículas vegetales que se veía obligado a clasificar como misteriosas, dado que no lograba identificarlas ni siquiera con la ayuda de sus mejores tratados de Botánica:

«Por ello tuve que ir en persona a los países en los que la Sábana Santa presumiblemente había permanecido. Naturalmente, me dirigí en primer lugar a Jerusalén y a los campos cultivados de Judea. Y encontré allí las respuestas que buscaba: esta planta es la Sueda, esta variedad particular crece solo en Palestina, sobre la Sábana Santa he encontrado el polen de esta planta; éste es el Paganum hamala, una planta del desierto muy común en la región comprendida entre Jericó y el Mar Muerto, y sobre la Sábana he encontrado también el polen de esta planta»

Así pues, el polen puede actuar como un insospechado sello de autenticidad, guardado además celosamente en el lugar más inesperado, es decir, entre la trama en forma de sarga que constituye la Sábana Santa. Max Frei lo confirma. La presencia del polen de estas plantas que crecen exclusivamente en la zona de la Biblia, y en las regiones circundantes nos permiten llegar a una sola conclusión: La Sábana Santa ha respirado el aire de Palestina.

Pero mientras él ha trabajado silencioso en medio de sus cristales y calcula, compara y piensa, en otros lugares varios científicos proceden a diversos análisis, con nombres complicados, pero todos dirigidos al mismo fin: hacer luz –si es posible de una vez para siempre– sobre este apasionante misterio.