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Documentos inéditos relativos al sacerdocio

I
En el Prólogo, en el primer párrafo, hemos hecho alusión a una carta de Dom Marmion, en la que manifestaba su intención de publicar un cuarto volumen con destino a los sacerdotes. Damos a continuación el texto íntegro de esta carta.



6 de marzo de 1918

Debo manifestaros que vuestra amable carta me ha llenado de consuelo y de entusiasmo. Si es cierto que el sacerdote –«sacerdos»: el que otorga los dones sagrados– no tiene otra razón de ser que la de ofrecer en primer lugar a Cristo a su Padre en el santo sacrificio y el de ofrecerlo luego a las almas por medio de los sacramentos y de la divina palabra, no cabe para mí mayor consuelo que el enterarme de que por la publicación de mis conferencias he contribuido algún tanto a esta obra divina. Jesús dijo a la Samaritana: Si scires donum Dei! ¡Ay si las almas comprendieran siquiera un poco todo lo que ellas tienen en Jesucristo! Si llegaran a comprender, como durante siglos lo han comprendido, que nuestra vida espiritual no viene a ser otra cosa que Jesús viviente en nosotros, esta centella de vida divina que recibimos de Él el día de nuestro bautismo, entonces la santidad estaría al alcance de todos y tan sencillamente en nosotros como en Él. Esta vida divina que se deriva del Padre al Hijo y de éste a nosotros es tan simple como el mismo Dios.

Si mis conferencias contribuyen algún tanto a restablecer la conciencia de estas verdades, es cuanto puedo desear aquí abajo. La obra constará de cuatro volúmenes: Jesucristo, nuestra vida – Los misterios de Jesucristo – Ascética benedictina – Sacerdos alter Christus.





II
Santidad eclesiástica
Bajo este título, Dom Marmion envió al cardenal Mercier, atendiendo a su ruego, la siguiente memoria. Aunque no tenemos una indicación precisa, podemos fijar la fecha de este documento entre el 25 de marzo de 1906, fecha de la consagración de Mons. Mercier para el Arzobispado de Malinas, y el 28 de septiembre de 1909, en que Dom Marmion fue elegido abad de Maredsous.



Es innegable que Dios exige una santidad verdaderamente positiva de los ministros del altar. En efecto, aunque los sacrificios de la Ley Antigua no eran sino figura y sombra del sacrificio de nuestros altares y de los sacramentos de la Nueva Ley –San Pablo los llama egena elementa, umbra futurorum–, exigían, con todo, una gran santidad por parte de quienes los ofrecían o los celebraban, por ser santo Aquel a quien eran ofrecidos. Sancti erunt Deo suo et non polluent nomem ejus; incensum enim Domini et panes Dei sui offerunt; et ideo sancti erunt… Sint ergo sancti, quia ego sanctus sum, Dominus, qui sanctifico eos. (Lev., XXI, 6-8).

El Concilio de Trento nos enseña que el santo sacrificio de la Misa comprende todos los bienes que significaban los sacrificios de la Antigua Ley, y que viene a ser como su consumación y perfección: Hæc illa est (munda oblatio) quæ per varias sacrificiorum, naturæ et Legis tempore, similitudines figurabatur, ut pote quæ bona omnia per illa significata, veluti illorum omnium consummatio et perfectio complectitur (Conc. Trid. Sess., XXII, cap. I). Pero de tal manera están vinculados el sacrificio y el sacerdocio, según el plan de Dios, que el uno supone al otro (Conc. Trid. Sess., XXIII, cap. 1), y cuanto más sobrepasa en dignidad y en santidad el sacrificio de la Nueva Ley a los antiguos sacrificios, mayor es la pureza y santidad que exige Dios de sus ministros.

Y esto explica porqué en las disposiciones auténticas, por medio de las cuales suele la Iglesia manifestar la voluntad del Espíritu Santo que la guía (e. g. el Pontifical, los concilios, etc.), aparece claramente establecido que la Iglesia exige un elevado grado de santidad personal en todos sus ministros y señaladamente en sus sacerdotes. Así, por ejemplo, en la ordenación de los Lectores, la Iglesia les dirige estas palabras: Dum legitis, in alto loco ecclesiæ stetis, ut ab omnibus audiamini et videamini, figurantes positione corporali vos in alto virtutum gradu debere conservari, quatenus cunctis a quibus audimini et videmini cælestis vitæ normam præbeatis (Pont. Rom.).

A los que desean recibir el subdiaconado, les dice que deben mostrarse tales qui sacrificiis divinis et Ecclesiæ Dei hoc est Corporis Christi digne servire valeant, in vera et catholica fide fundati (Ibid.). Después de haber expuesto a los que van a recibir el diaconado la grandeza de la dignidad a que aspiran, se dirige a Dios con esta oración: Abundet in eis totius forma virtutis, auctoritas modesta, pudor constans, innocentiæ puritas et spiritualis observantia disciplinæ. In moribus eorum præcepta tua fulgeant ut suæ castitatis exemplo, imitationem sanctam plebs acquirat (Ibid.).

Pero es, sobre todo, de los sacerdotes de quienes la Iglesia reclama esta santidad. San Pablo exhorta a los cristianos a que llenen sus corazones de los mismos sentimientos que tuvo Cristo en su Pasión: Hoc enim sentite in vobis quod et in Christo Jesu (Philip., II, 5), y les ruega por la misericordia de Dios que «ofrezcan sus cuerpos como hostia viva, santa, grata a Dios» (Rom., XII, 1). Pero la Iglesia exige una santidad mucho más elevada a los sacerdotes, que hacen en el altar las veces de Cristo pontífice y víctima: Una eademque est hostia, idem nunc offerens sacerdotum ministerio, qui seipsum tunc in cruce obtulit (Conc. Trid. Sess., XXII, cap. 2), que llegan a identificarse de tal manera con Cristo en el santo sacrificio y en la administración de los sacramentos, que hablan y obran en su nombre y que de toda la antigüedad cristiana recibieron el sobrenombre de alter Christus.

Siendo como son los instrumentos de que Cristo se sirve para comunicar en los sacramentos los frutos de su pasión y muerte, es claro que deben vivir en íntima unión de conocimiento y amor con su Jefe divino. Jesucristo es el modelo divino que el mismo Dios ofreció a todos los cristianos: Prædestinavit nos conformis fieri imaginis Filii sui (Rom., VIII, 29). Pero la Iglesia propone a Cristo a los sacerdotes en su cualidad de pontífice: Imitamini quod tractatis (Pont. Rom. Ord. Presbyteri), y este Pontífice es Sanctus, innocens, impollutus, segregatus a peccatoribus, excelsior cælis factus (Hebr., VII, 26).

Lo cual, dicho en otros términos, significa que la Iglesia no quiere que el sacerdote administre los sacramentos y ejerza las ceremonias sagradas válida pero rutinariamente, sino que exige que viva él mismo la vida que comunica a los demás y que sea el bonus odor Christi, esparciendo por todas partes la gracia y la unción por su presencia y por su doctrina: Sit odor vitæ vestræ delectamentum Ecclesiæ Christi ut prædicatione et exemplo ædificetis domum, id est familiam Dei (Pontif. Rom. Ord. Presbyteri).

Y aunque bien es verdad que puede Dios elevar a un alma en un momento a un grado de santidad sublime, como lo hizo con María Magdalena y con tantos otros, con todo no es ésa la norma ordinaria de su Providencia. Lo mismo que en el orden natural hace que las plantas y los árboles vayan creciendo y perfeccionándose paulatinamente antes de que lleguen a alcanzar su perfecta madurez y fecundidad, así también ocurre ordinariamente en la vida de la gracia. Quiere Dios que las almas pasen por una larga preparación y por diversas vicisitudes antes de que adquieran la perfección y la madurez que requiere la fecundidad espiritual. Dice Santo Tomás que los pastores deben comunicar a sus ovejas lo que sobra a la plenitud de su propia vida espiritual. Por eso es por lo que los obispos están obligados en conciencia a no admitir a las sagradas órdenes sino a los que judicio sui episcopi sunt utiles aut necessarii suis Ecclesiis (Conc. Trid. Sess., XXIII).

Medios

¿Cuál será el medio más adecuado para asegurar esta santidad, al menos en la mayor parte de los sacerdotes? Es necesario, ante todo, que aquellos que el obispo llama a las sagradas Órdenes sean no solamente correctos e irreprochables en su vida moral, sino que hayan llegado también a alcanzar un determinado grado de santidad sobrenatural y que conozcan, al menos en sus principales líneas, la naturaleza de la vida interior. Me parece que los medios más aptos para garantizar este resultado serán:

1. Las conferencias espirituales, eligiendo para ello a un sacerdote celoso y que esté lleno de espíritu sobrenatural. Convendría que estas pláticas se diesen ya desde el seminario menor una vez por semana… En el Seminario de Oscott, en Inglaterra, estas conferencias están a cargo de un monje, y es muy notable el fruto que se obtiene de ellas. Además en el seminario mayor hay un curso de teología mística.

2. En el seminario mayor es imprescindible un director espiritual que únicamente se ocupe de la enseñanza ascética y de la santificación de los seminaristas. Porque ocurre con demasiada frecuencia que todo esto se deja al azar, o se confía al celo de los profesores, los cuales no suelen disponer del tiempo necesario para este importantísimo ministerio, y aun a veces carecen de los conocimientos imprescindibles para la debida dirección de las almas. Yo he podido comprobar por mí mismo los grandes frutos que alcanzó un director santo y celoso en el Seminario Mayor de Clonliff, cerca de Dublín, y en el Seminario Mayor de Brujas.

3. Es, además, necesario que los seminaristas tengan siempre a su disposición algunos buenos confesores Qui apti sint ad lucrandas animas (Regula sancti Benedicti). También esto se deja muchas veces al azar.

4. Creo que es de la mayor importancia, al menos en el seminario mayor, que la meditación no se lea públicamente, sino que cada uno aprenda a hacerla por sí mismo, bien sea en la celda (como se acostumbra a hacer en el Colegio de Propaganda de Roma), bien sea estando todos reunidos. El director debería ocuparse de enseñar la manera de hacer oración y de comprobar de vez en cuando los progresos realizados por cada uno.

5. De acuerdo con los deseos expresados por el Beato Pío X, deberá estimularse a los seminaristas a que reciban la sagrada comunión con la mayor frecuencia.

6. Deberá inculcarse una gran afición a la lectura de la Sagrada Escritura y se les hará ver los grandes tesoros de vida espiritual que se encierran en los Santos Evangelios y en las Epístolas de San Pablo.





III
Plan de un retiro sobre la Santa Misa

Este plan de retiro, que data de 1905, es autógrafo, y está escrito a lápiz, con trazos rápidos. Sabemos que lo predicó a una comunidad religiosa que no era benedictina. Desgraciadamente, no hemos podido encontrar ninguna referencia ni nota alguna tomada por sus oyentes. Damos a continuación el texto exacto, con sus giros elípticos y con sus repeticiones. El interés de estas páginas consiste en que en ellas Dom Marmion toca, a veces con una sola palabra, todas las principales ideas que se han desarrollado en el presente volumen.



1

Introibo ad altare Dei, ad Deum qui lætificat juventutem meam (Ps., 42)

Nosotros lo hemos abandonado todo: riquezas, amor, libertad, por agradar a Dios y ser amados por Él. «Buscar a Dios». Se le puede buscar de tres maneras: a) humanamente, viviendo una vida moral; b) sobrenaturalmente, apoyándonos más o menos en la gracia; c) divinamente, por Jesucristo.

Hay tres clases de personas: purgantes – illuminandæ – uniendæ. Para todas ellas, el camino más seguro y más corto es Jesucristo. Cum illo omnia donavit.

En el santo sacrificio encontramos a Jesús con todo lo que necesitamos para santificarnos: Sapientia et justitia, sanctificatio, redemptio.

Si pudiéramos ver a Jesucristo, como lo ve su Padre, inmolado e inmolándose en la santa Misa, tendríamos ante nuestros ojos el ejemplar perfecto de todas las virtudes y de la santidad más encumbrada. Tu solus sanctus, Jesu Christe; pero, sobre todo, en el Santísimo Sacramento. Las oraciones, instrucciones y ceremonias que acompañan a esta acción, inspiradas por el Espíritu Santo, presentan ante nuestros ojos y de una manera acomodada a nuestra condición, todo lo que el Padre ve de un solo golpe de vista.

Nuestro retiro: la meditación y la unión de nuestra vida con el santo sacrificio.

Meditación. Misa: epítome de todos los ejemplos de perfección que nos da Jesucristo.

Unión de nuestra vida. Las acciones de Jesucristo producen los efectos correspondientes, principalmente en la santa Misa. Porque Él está allí precisamente para esto.

Introibo ad altare Dei. El altar: el resumen de un buen retiro. a) consagrado: separado de todo lo que no sea Dios; b) ofrecido a Dios con todo lo que en Él se pone; c) ungido con el crisma: unión con el Espíritu Santo; d) incienso: oraciones; e) Jesucristo; f) reliquias: unión con el Cuerpo Místico de Jesucristo; los mártires han depositado allí su fortaleza.

Todos suben al altar con el sacerdote.

Reglamento [del retiro]. Lætificat, Alegría. Expansión del corazón. Delectare in Domino et dabit tibi petitiones cordis tui.

Disposiciones. Cum vero corde et recta fide, cum metu et reverentia misericordiam consequimur et gratiam invenimus (Trid. Sess., XXII, cap. 11).

No es posible agotar las gracias de la santa Misa. Debemos tener las mismas disposiciones del buen ladrón, de María Magdalena, de San Juan y de la Virgen María. In hoc sacramento continetur ille qui est totius sanctitatis causa; et ideo omnia quæ ad consecrationem hujus sacramenti pertinent, etiam consecrata sunt (S. Thomas, IV, Sent. Dist., XIII, q. 1, a. 2).

Efectos de este retiro: Conocimiento y unión de nuestra vida con la santa Misa.

a) Consecratio altaris significat ipsius Christi perfectissimam sanctitatem.

b) Altare quidem sanctae Ecclesiæ ipse est Christus, teste Joanne qui in Apocalypsi sua altare aureum se vidisse perhibet stans ante thronum, in quo et per quem oblationes fidelium Deo Patri consecrantur. (Ordinatio Subdiaconi. Cfr. Officium Dedicationis Arch. Sancti Salvatoris, Brev. 9 novembris).



2

Imitamini quod tractatis

1) El santo sacrificio, epítome de toda santidad.

2) Jesucristo en la Misa: a) expía; b) ruega; c) agradece y adora; d) aplica sus méritos.

3) Nosotros hacemos todo esto con Él y por Él.

4) Toda nuestra vida unida así al sacrificio, y cada misa ofrecida por todos.



3

Hanc igitur oblationem placatus accipias

Pecado. Dios sólo puede perdonar y, haciéndolo, ejerce en el más alto grado su poder: Qui omnipotentiam tuam parcendo maxime et miserando manifestas. Sacrificios del Antiguo Testamento. La cruz, la Misa, sobreabundancia de la redención. Sacramentos que brotan del corazón lacerado de Jesucristo. Sacramentales. Contrición. Compunción.



4

Sanguis qui pro vobis et pro multis effundetur

Confesión

Aplicación ex opere operato de la expiación de Jesucristo. Continet et confert gratiam non ponentibus obicem.

Virtud de la penitencia

Actos de esta virtud, verdadera preparación. Cuanto más perfecta es esa virtud, mayor es el fruto que produce el sacramento. El sacramento aumenta la virtud.

La penitencia impuesta. Nuestras obras elevadas a un valor sacramental. Son muchas las personas que se ocupan escrupulosamente del examen y que descuidan los actos de la virtud de la penitencia.



5

Quinimmo beati qui audiunt verbum Dei et custodiunt illud

Jesús nos ilumina en la santa Misa.

Las epístolas y los evangelios.

Razones: a) recta fide, una fe completa; b) Dios nos habla en la lectura y en el sermón; c) Misa de los catecúmenos.

Por ejemplo: Ecce nos reliquimus omnia. Homo peregre proficiscens… Navidad.



6

Lex orandi, lex credendi

Explicación de las oraciones de la Misa.

Vía iluminativa. Seguridad de la vía que se inspira en la liturgia. No hay gran necesidad de dirección. Oración de contemplación simple.

Collectæ, que, con una sola palabra, nos proporcionan tanta luz, por ejemplo, la del domingo XIº después de Pentescostés.

Omnipotens sempiterne Deus, qui abundantia pietatis tuæ et merita supplicum excedis et vota…



7

Oremus

La oración de Jesucristo. Su eficacia, principalmente en la santa Misa.



8

Trium puerorum cantemus hymnum

El oficio divino, continuación de la Misa.

1. Unión con Jesucristo.

2. Boca de la Iglesia.

3. Quæ desunt orationibus Christi.

4. Vere languores nostros ipse tulit.

5. Todo hombre ora.

6. Generosidad al recitar Exhibeamus nosmetipsos hostiam vivam Deo placentem.

7. Grave responsabilidad de los que perturban la recitación: a) disminución de la alabanza divina; b) responsabilidad por las distracciones, etc.; c) orgullo en presencia de la majestad divina.



9

Suplices te rogamus, omnipotens Deus

1) Jesús adora; 2) honra todos los atributos del Padre; 3) exinanivit semetipsum.

Virtud de la religión: a) para con Dios; b) para con los santos; c) para todo lo que está consagrado a Dios.

Unión continua a las adoraciones de Jesucristo: Vivit in me Christus. Práctica.

Ofertorio: unión con la ofrenda. Consagración. Votos.



10

Consagración

Sacrificio de obediencia. Diferencia con los sacrificios de animales. Por qué obedecer a un hombre. Un verdadero sacrificio.



11

Quorum tibi fides cognita est et nota devotio

La fe

Cuanto más penetrados están los asistentes de esta fe (práctica), más capaz será su alma de recibir los dones de Dios.



12

Comunión

1. Unión con Jesucristo por amor, fe y abandono.

2. Unión con Jesucristo que vive por su Padre.

3. Unión con Jesucristo en el seno de la Santísima Trinidad.

4. Unión con Jesucristo con la Iglesia del cielo.

5. Unión con Jesucristo unido con la Iglesia y con sus miembros: Ut sint consummati in unum.

Preparación: 1) Pater. 2) Fracción de la hostia, recuerdo de la Pasión. 3) Agnus Dei, recurso a Jesucristo. 4) Unión con la Iglesia y Pax. 5) Frutos del santo sacrificio: Domine Jesu Christe, Fili Dei vivi, etc. 6) Tutamentum mentis et corporis.

Basta que una sola pieza de un automóvil no funcione para que no pueda correr el vehículo. A veces ocurre que es muy difícil encontrar esa pequeña pieza.

Debemos examinar todas las pequeñas piezas de nuestra alma para comprobar si no hay nada que falte a nuestra unión, porque allí precisamente es donde se encuentra la clave de la fecundidad o de la esterilidad de nuestras comuniones.



Sacramentum unionis

Unión: unum esse cum. Para esto se requieren dos cosas:

a) Unirnos con Cristo: in me manet.

b) Que Cristo pueda unirse a nosotros: et ego in eo: 1) por la fe, el amor y el abandono; 2) ausencia de obstáculos (sacramento). Nuestras miserias no son un obstáculo: vere languores, etc., sino que todo le acerca a la criatura, porque es santo. Orgullo: Superbiam et arrogantiam detestor. Todo vicio que no tratamos de corregir. De ahí procede la falta de fecundidad de nuestras comuniones. Cristo no puede unirse ni identificarse con el que no es santo.



13

Quid retribuam?

Acciones de gracias. Gratitud.

1) Nobleza de corazón (Bentham: «un vivo sentimiento de los beneficios que aún hemos de recibir»). 2) Humildad. 3) Novicios desagradecidos. 4) Abre el corazón de Dios. 5) Beneficios generales y particulares. 6) Sic Deus dilexit mundum ut Filium suum… Cum illo omnia nobis donavit. Acciones de gracias tan importantes después de la comunión (San Luis). 7) Calicem salutaris accipiam. Recibir con corazón reconocido es ya una acción de gracias. 8) El mismo Jesús es el gran don. «Agradecer tan poco cuanto tanto se ha recibido» (Santa Teresa).

Comunión y poscomunión. Alabanza y petición. Los santos.



14

Trium puerorum cantemus hymnum

El oficio divino, prolongación de la Misa.

1) Jesús, víctima inmolada a la gloria de su Padre y entregada a los hombres. 2) El oficio, sacrificio de todo nuestro ser. 3) Jesús nos emplea para alabar a su Padre: quæ desunt. 4) En el oficio divino encontramos, bajo diferentes formas, los cuatro frutos del sacrificio:

a) Expiación: Miserere, Domine. Ne in furore tuo… De profundis.

b) Alabanza: Dixit Dominus. Confitebor. Confitemini Domino quoniam bonus. Gloria Patri.

c) Acción de gracias: Benedic anima mea Domino. Misericordias Domini in æternum cantabo.

d) Intercesión: Deus Deus meus. Domine in nomine tuo salvum me fac. Deus in adjutorium. Domine exaudi. Las oraciones.

e) Mérito: a) obediencia; b) actos de todas las virtudes; c) caridad; d) obediencia litúrgica.

f) Opus Dei, que no solamente es santo por la intención que se pone, sino por su propia naturaleza.



15

Quorum tibi fides cognita est et nota «devotio»

Devoción. Fidelidad.

Fidelidad del fariseo. Fidelidad del amor. Aparente semejanza. Enorme diferencia.

Diferencia entre tibieza y desaliento.

1. La tibieza se conforma con su estado y se contenta con él.

2. El desaliento produce desolación. Es un mal. Es hijo de un error y de una verdad.

3. Los ángeles han adquirido su perfección y su destrucción por un acto intenso. Así es su naturaleza. El hombre no se hace ni perfecto ni perverso, sino gradualmente. No se llega a dominar un arte, pongamos por ejemplo la música, sino muy poco a poco y después de muchos tropiezos. Así es nuestra naturaleza. El desaliento proviene de que queremos ser como los ángeles. Dios se complace en los deseos eficaces de nuestra voluntad, aunque, a veces, no lleguemos a ponerlos en práctica. Una persona apasionada que lucha sin cesar, es muchas veces más grata a Dios que otra que no pone pasión en sus cosas.

Sólo Dios es capaz de apreciar todos los elementos que integran nuestra responsabilidad.

Nolite judicare.



16

Imitamini quod tractatis

La vida de un religioso imita perfectamente la vida de Jesucristo en el Santísimo Sacramento.

1) Inmolado por el oficio divino y la oración que eleva a la gloria de Dios. 2) Inmolado y entregado como Jesús a los demás que comen nuestra vida. 3) En todo esto, debemos proponernos como único fin la santidad, lo mismo que Jesús cuando nos instruye y nos consuela. 4) Paciencia ante los fracasos: Sumunt boni sumunt mali. 5) Tomemos en Cristo la vida que debemos dar a los demás.



17

Jube hæc perferri per manus sancti angeli tui

Hæc se refiere a Jesús, que vive unido a nosotros y que sobrelleva todos nuestros dolores y todas nuestras penas. En las penas, Jesús nos une a Él. Su deseo es ut sint consummati in unum, y Él es santo Tu solus sanctus Jesu Christe. «Santo» quiere decir apartado de todo lo que es creado por: a) naturaleza; b) por intención.

a) Naturaleza; gracia santificante.

b) Intención. Dios nunca obra por un motivo que sea inferior a Él: Nosotros somos santos –y, por tanto, unidos a Aquel in quem nihil inquinatum incurrit– por lo mismo que estamos unidos con Él: (Él) en cuanto que Vivo propter Patrem, (nosotros) viventes Deo in Christo Jesu.

Nosotros somos llevados hasta el altar de Dios por nuestra unión con Jesucristo: Introivit semel in sancta. Él es el único que entró allí y solamente en Él es como nosotros podemos entrar.

Omne datum perfectum et donum optimum.

18

Hoc facite in meam commemorationem

Abandono. Explicación.

Ejercicio de la fe, de la esperanza y del amor.

Adoración del poder, de la sabiduría y del amor de Dios. La sabiduría de este mundo.



19

In gratiarum actione semper maneamus

Espíritu de oración. Nuestra vida de unión con el santo sacrificio. Oblación de Dios a los demás.



20

Stabat juxta crucem Jesu Mater ejus

Unión con María.

En una hoja suelta hemos encontrado el siguiente texto que debió servir de plática de entrada a este retiro.

Inmola Deo sacrificium laudis et redde Deo vota tua; Ofrece a Dios sacrificios de alabanza y cumple tus votos al Altísimo (Ps., 49, 14).

La razón primordial de ser del estado religioso es la de tributar a Dios el culto a la religión. Virtud de religión. Su acto más importante consiste en reconocer a Dios como primer principio y como último fin, como alfa y omega. Esta adoración y consagración de sí mismo a Dios constituye el sacrificio interior. Los votos religiosos son la expresión más acabada de este sacrificio interior. Pero aun hay algo más grande y sublime. Es el sacrificio litúrgico instituido por el mismo Dios, en el que la víctima es digna de Dios. El sacerdote es él mismo. Uniendo nuestro sacrificio interior a este sacrificio es como nos hacemos agradables a Dios. Como el santo sacrificio ha sido instituido por Dios, y la liturgia que lo encuadra ha sido inspirada por el Espíritu Santo, por eso es por lo que expresa de un modo perfecto todos nuestros deberes y todos nuestros sentimientos para con Dios. En este retiro me propongo meditar con vosotros en el santo sacrificio de la Misa, considerándolo como el centro y el resumen de todos nuestros deberes para con Dios y para con el prójimo.

1. Porque el Concilio de Trento, en su Sesión XXII, capítulo VIII, nos dice que la santa Misa contiene una sublime enseñanza para el pueblo fiel: Magnam continet populi fidelis eruditionem, y recomienda a los sacerdotes que la expliquen con mucha frecuencia.

2. Como la santa liturgia está compuesta de palabras de Jesucristo, de los apóstoles y de los soberanos pontífices, no solamente está exenta de todo error, sino que respira una santidad y una piedad verdaderamente sublimes, que eleva hacia Dios las almas de los que la ofrecen, (cap. IV). Además, las ceremonias y ritos sagrados que la acompañan «estimulan a las almas de los fieles a la contemplación de las cosas sublimes que están ocultas en este sacrificio»: Mentes fidelium per hæc visibilia religionis et pietatis signa ad rerum altissimarum, quæ in hoc sacrificio latent, contemplationem excitantur (cap. V).

3. La forma más segura de piedad es la liturgia. Los fieles de los primeros siglos. T. Moro.

Mortui estis et vita vestra abscondita est cum Christo in Deo. La santa Misa es la expresión de la perfección cristiana.

1. Morir con Jesucristo, reconociendo a Dios como nuestro primer principio por la ofrenda del pan y del vino, símbolos que significan que todo deriva de Él, que es el Autor de la vida. Esta muerte se hace perfecta por su unión a la de Jesucristo, Panis vivus, que hace que el sacrificio de su Esposa sea digno de su Padre. La Iglesia no puede ofrecer otra cosa que el pan y el vino, que simbolizan muy imperfectamente el soberano dominio de Dios. Pero Jesús los convierte en el Panis vivus y en el Calix inebrians. Cristiano. Religioso.

2. Entregarse a Dios por Jesucristo. Dios es nuestro fin. Las oblaciones se le ofrecen a Él y no pueden ofrecerse a otro que a Él, que es el último fin.

3. Con el fin de que esta nueva vida consagrada enteramente a Dios sea perfecta, Él nos da el pan celestial: Panis quem Pater dabit.