fundación GRATIS DATE

Gratis lo recibisteis, dadlo gratis

Otros formatos de texto

epub
mobi
pdf
zip

Descarga Gratis en distintos formatos

Segundo viaje: a Indonesia (1545)

Javier, por lo que él mismo declara, se sentía muchas veces llamado por Dios para ir a misionar más lejos, más al oriente. Y en setiembre de 1545, llegados los vientos favorables, se embarcó para Malaca, llevando consigo una reliquia de Santo Tomás, que siempre conservó colgada al cuello.

Pasó, pues, de la India a la isla de Ceylán –actual Sri Lanka–, donde había fuertes luchas entre reinos locales. Viajó más tarde a Malaca, la ciudad real de los malayos, el puerto comercial más importante del Asia. Desde allí, a lo largo de cinco estancias diferentes, preparó sus viajes a Molucas, Japón y China.

Las Molucas, con sus mil islas, en Indonesia, recibieron durante quince meses la acción evangelizadora de Javier. Afrontando peligros muy grandes, visitó varias de las islas, en las que había pequeñas comunidades cristianas. Aún perdura en ellas la memoria del Santo.


Doc. 55
A sus compañeros de Europa
Amboina 10 de mayo 1546

Carísimos en Cristo hermanos: La gracia y amor de Cristo N. S. sea siempre en nuestra ayuda y favor. Amén.

1. En el año de 1545 os escrebí largo haciéndoos saber cómo en una tierra llamada Macassar se hicieron dos reyes cristianos con mucha otra gente: y por la mucha disposición que en aquella tierra había para se acrecentar nuestra santa fe, según la información que me dieron, partí del Cabo de Comorín para Macassar por mar, por cuanto no se puede ir por tierra. Hay del Cabo de Comorín hasta las islas de Macassar más de 900 leguas. Di orden primero que del Cabo de Comorín partiese, cómo los cristianos de aquella tierra fuesen proveídos de cosas espirituales, dejando con ellos cinco padres, los tres naturales de la tierra, y a Francisco de Mansillas con otro padre español [Juan de Lizano]. Con los cristianos de la isla de Ceylán, que está cerca del Cabo de Comorín, quedaron cinco frailes de la orden de S. Francisco, con dos otros clérigos. Viendo que no era necesario, ni menos hacía falta con los cristianos del Cabo de Comorín ni con los de Ceylán –porque no hay otros cristianos nuevamente convertidos en la India fuera de las fortalezas del Rey, y los que están en las fortalezas, los vicarios tienen cargo de enseñarlos y bautizarlos– determiné de partir para Macasar.

Y yendo al puerto [de Santo Tomé] del cual me había de embarcar para hacer mi viaje, hallé un mercader [Juan de Eiro] con un navío suyo, el cual me rogó que lo confesase. Y lo que con mucha prudencia humana no acabara de determinar, con mucha violencia se venció y escogió el camino del cielo. Quiso Dios por su misericordia darle tanto dentro de su ánima a sentir, que un día se confesó, y en otro siguiente se determinó (en el mismo lugar donde mataron a Santo Tomé Apóstol) de vender el navío y todo lo que tenía, dando a los pobres todo, sin guardar nada para sí, como liberal despensero [más tarde se hizo franciscano]; y así nos embarcamos camino de Macassar.

2. Llegamos en la mitad del camino a una ciudad llamada por nombre Malaca, en la cual el rey [de Portugal] tiene una fortaleza. Y el capitán de esta fortaleza me dijo cómo había mandado un clérigo [Viegas], persona muy religiosa, con muchos portugueses en un galeón bien apercebido de todo lo necesario para favorecer a los que se hicieron cristianos, y hasta que hubiésemos nuevas suyas, no le parecía que debía partir para aquella isla; y así estuve en Malaca tres meses y medio esperando nuevas de los macassares.

En este tiempo no me faltaron ocupaciones espirituales, así en predicar los domingos y fiestas, como en confesar muchas personas, así los enfermos del hospital donde posaba, como otros sanos. En todo este tiempo enseñé a los muchachos y cristianos nuevamente convertidos a la fe la doctrina cristiana. Con la ayuda de Dios N. S. hice muchas paces entre los soldados y moradores de la ciudad, y las noches iba por la ciudad con una campana pequeña encomendando las ánimas del purgatorio, llevando conmigo muchos niños de los que enseñaba la doctrina cristiana.

3. Pasados los tres meses y medio, acabaron de ventar los vientos con que vienen los navíos de Macassar. No sabiendo ningunas nuevas del padre [Viegas], determiné de partir para otra fortaleza del rey, llamada Maluco, y es la última de todas. Cerca desta fortaleza, 60 leguas de ella, hay dos islas [Amboina y Moro]; la una es de 300 leguas en redondo, mucho poblada, la cual se llama Ambueno.

De esta isla tiene hecha merced el rey a un hombre mucho de bien y buen cristiano [Jordán de Freytas, de Madeira], el cual ha de venir a vivir en ella de aquí aun año y medio con su mujer y casa. En esta isla hallé siete lugares de cristianos: los niños que hallé por bautizar bauticé, de los cuales murieron muchos después de bautizados; y parece que Dios N. S. los guardó hasta que estuviesen en camino de salvación. Después de haber visitado todos estos lugares, llegaron a esta isla ocho navíos de portugueses.

Fueron tantas las ocupaciones que tuve en tres meses que aquí estuvieron, en predicar, confesar, visitando los enfermos, ayudándolos a bien morir, lo que es muy trabajoso de hacer con personas que no vivieron muy conformes a la ley de Dios. Estos mueren más desconfiados de la misericordia de Dios, de lo que vivían muy confiados viviendo en pecados continuos, sin querer desacostumbrarse de ellos. Hice, con la ayuda de Dios, muchas amistades entre soldados que jamás viven en paz en esta isla de Ambueno. Ellos se partieron para la India en mayo, y mi compañero Juan de Hierro y yo nos partimos para Maluco [Malaca], que está de aquí 60 leguas.

4. De la otra costa de Maluco está una tierra, la cual se llama El Moro, a sesenta leguas de Maluco. En esta isla de El Moro [en las Molucas] habrá muchos años que se hicieron grande numero de cristianos, los cuales, por muerte de los clérigos que los bautizaron [uno fue muerto, el otro huyó herido], quedaron desamparados y sin doctrina y por ser la tierra de O Moro muy peligrosa, por cuanto la gente de ella es muy llena de traición, por la mucha ponzoña que dan en el comer y beber; por esta causa dejaron de ir a aquella tierra de O Moro personas que mirasen por los cristianos. Yo, por la necesidad que estos cristianos de la isla del Moro tienen de doctrina espiritual y de quien los bautice para salvación de sus ánimas, y también por la necesidad que tengo de perder mi vida temporal, por socorrer a la vida espiritual del prójimo, determino de me ir al Moro, por socorrer en las cosas espirituales a los cristianos, ofrecido a todo peligro de muerte, puesta toda mi esperanza y confianza en Dios N. S., deseando de me conformar, según mis pequeñas y flacas fuerzas, con el dicho de Cristo nuestro Redentor y Señor, que dice: «Pues quien quisiere salvar su vida, la perderá; mas quien perdiere su vida por amor de mí, la encontrará» [Mt 16,25].

Y aunque sea fácil de entender el latín y la sentencia en universal de este dicho del Señor, cuando el hombre viene a lo particularizar, para disponerse a determinar de perder la vida por Dios, para hallarla en él, ofreciéndose casos peligrosos, en los cuales probablemente se presume perder la vida sobre lo que se quisiere determinar, hácese tan oscuro, que el latín, siendo tan claro, viene a oscurecerse; y en tal caso me parece que sólo aquel lo viene a entender, por más docto que sea, a quien Dios N. S., por su infinita misericordia, lo quiere en casos particulares declarar. En semejantes casos se conosce la condición de nuestra carne, cuán flaca y enferma es. Muchos de mis amigos y devotos procuraron conmigo que no fuese a tierra tan peligrosa; y viendo que no podían acabar conmigo que no fuese, me daban muchas cosas contra ponzoña. Yo, agradeciéndoles mucho su amor y buena voluntad por no cargarme de miedo sin tenerlo, y más por haber puesto toda mi esperanza en Dios, por no perder nada de ella, dejé de tomar los defensivos que con tanto amor y lágrimas me daban, rogándoles que en sus oraciones tuviesen continua memoria de mí, que son los más ciertos remedios para contra ponzoña que se pueden hallar.

5. En muchos peligros me vi en este viaje del Cabo de Comorín para Malaca y Maluco, así entre tormentas del mar, como entre enemigos [piratas de Achem, junto a Sumatra]. En uno especialmente me hallé en una nao en que venía de 400 toneles: con viento recio navegamos más de una legua, tocando siempre el leme en tierra. Si acertáramos en todo este tiempo con algunas piedras, la nao se deshiciera; o si halláramos menos agua en una parte que en otra, quedáramos en seco. Muchas lágrimas vi entonces en la nao.

Quiso Dios N. S. en estos peligros probarnos y darnos a conocer para cuánto somos, si en nuestras fuerzas esperamos, o en cosas criadas confiamos; y para cuánto cuando de estas falsas esperanzas salimos, desconfiando de ellas, esperando en el Criador de todas las cosas, en cuya mano está hacernos fuertes, cuando los peligros por su amor son recebidos. Y tomándolos por sólo su amor, creen sin dudar los que se hallan en ellos, que todo lo criado está a obediencia del Criador, conociendo claramente que son mayores las consolaciones en tal tiempo que los temores de la muerte, dado que el hombre acabase sus días. Y fenecidos los trabajos y acabados de pasar los peligros, no sabe el hombre contar ni escrebir lo que por él pasó al tiempo que estaba en ellos, quedando una memoria imprimida de lo pasado, para no cansar de servir a tan buen Señor, así en lo presente como en lo porvenir, esperando en el Señor, cuyas misericordias no tienen fin, que le dará fuerzas para lo servir.

6. Estando en Malaca, Que es la mitad del camino de la India a Maluco, me dieron nuevas cómo llegaron tres compañeros nuestros en Goa en el año de 1545 [Criminali, martirizado por los badagas en 1549, Lancillotto y Beira]. Ellos me escrebieron y me mandaron las cartas que de Roma traían con las cuales Dios N. S. sabe cuánta consolación recebí en saber tan buenas nuevas de nuestra Compañía. El uno de ellos venía para enseñar gramática en el colegio de Santa Fe, y los otros dos para andar por las partes que a mí me pareciese que harían más servicio a Dios N. S. Yo les escrebí que quedase uno de ellos, el que venía para leer gramática, en Santa Fe, y los dos que fuesen al Cabo de Comorín, a tener compañía a Francisco de Mansillas. Agora les escribo en este año de 1546 que vengan a Maluco para el año que viene, pues hay mayor disposición para servir a Dios en estas partes que no donde están.

7. Estas partes de Maluco todas son islas, sin ser descubierta hasta ahora tierra firme. Son tantas estas islas que no tienen número y cuasi todas son pobladas. Por falta de quien les requiera que sean cristianos, dejan de lo ser. Si hubiese en Maluco una casa de nuestra Compañía, sería mucho el número de la gente que se haría cristiana. Mi determinación es cómo en este cabo de mundo de Maluco se hiciese una casa, por el mucho servicio que a Dios N. S. se haría.

8. Los gentiles en estas partes de Maluco son más que los moros. Quiérense mal los gentiles y moros. Los moros quieren que los gentiles o se hagan moros o sean sus cautivos, y los gentiles no quieren ni ser moros ni menos ser sus cautivos. Si hubiese quien les predicase la verdad, todos se harían cristianos, porque más quieren los gentiles ser cristianos que no moros. De 70 años á esta parte se hicieron moros, que primero todos eran gentiles. Dos o tres cacices que vinieron de Meca, que es una casa donde dicen los moros que está el cuerpo de Mahomet, convirtieron grande número de gentiles a la secta de Mahomet. Estos moros lo mejor que tienen es que no saben cosa ninguna de su secta perversa. Por falta de quien les predique la verdad, dejan estos moros de ser cristianos.

9. Esta cuenta os doy tan particular, para que tengáis especial sentimiento y memoria de tanta perdición de ánimas, cuantas se pierden por falta de espiritual socorro. Los que no tuvieren letras y talento para ser de la Compañía, sobrarles ha el saber y talento para estas partes, si tuvieran voluntad de venir para vivir y morir con esta gente [Paulo III concedió en 1546 que los coadjutores fueran también miembros de la Compañía]; y si de éstos viniesen todos los años una docena, en poco tiempo se destruiría esta mala secta de Mahoma, y se harían todos cristianos, y así Dios N. S. no se ofendería tanto como se ofende, por no haber quien reprenda los vicios y pecados de infidelidad.

10. Por amor de Cristo N. S. y de su Madre santísima y de todos los santos que están en la gloria del paraíso, os ruego, carísimos hermanos y padres míos, que tengáis especial memoria mía para encomendarme a Dios continuamente, pues vivo con tanta necesidad de su favor y ayuda. Yo, por la mucha necesidad que tengo de vuestro favor espiritual continuo, por muchas experiencias tengo conocido cómo, por vuestra invocación, Dios N.S. me tiene ayudado y favorecido en muchos trabajos del cuerpo y del espíritu. Y para que jamás me olvide de vosotros, por continua y especial memoria, para mucha consolación mía, os hago saber, carísimos hermanos, que tomé de las cartas que me escrebisteis, vuestros nombres, escritos por vuestras manos proprias, juntamente con el voto de la profesión que hice, y los llevo continuamente conmigo por las consolaciones que de ellos recibo. A Dios N. S. doy las gracias primeramente, y después a vosotros, hermanos y padres suavísimos, pues os hizo Dios tales, que tanto me consoláis llevando vuestros nombres*. Y pues presto nos veremos en la otra vida con más descanso que en ésta, no digo más.

De Ambueno, a 10 de mayo, año de 1546. Vuestro mínimo hermano e hijo,

Francisco.

*Cuando murió Javier, en el relicario de Santo Tomás que llevaba siempre al cuello, se halló la fórmula de su profesión y la firma de San Ignacio, recortada de una carta suya.

[Carta añadida, escrita en el original en papel separado]

11. La gente de estas islas es muy bárbara y llena de traición. Es más baza [morena] que negra, gente ingrata en grande extremo. Hay islas en estas partes, en las cuales se comen unos a otros; esto es cuando unos con otros tienen guerra y se matan en pelea, y no de otra manera. Cuando mueren por enfermedad, dan por gran, banquete las manos y calcaños a comer. Es tan bárbara esta gente, que hay islas donde demanda un vecino a otro (cuando quiere hacer una fiesta grande) su padre, si es muy viejo, emprestado para comer, prometiéndole que le dará el suyo, cuando fuere viejo y quisiere hacer algún banquete [noticia al parecer falsa].

Antes de un mes espero de ir a una isla, en la cual se comen unos a otros, cuando se matan en la guerra, en la cual isla también se emprestan unos a otros los padres, cuando son viejos, para hacer banquetes. Los de esta isla quieren ser cristianos, y ésta es la causa para que voy allá. Hay abominables pecados de lujuria entre ellos, cuales no podríades creer, ni yo me atrevo a escrebir.

12. Son estas islas templadas y de grandes y espesos arbolados. Llueve muchas veces. Son tan altas estas islas de Maluco y trabajosas de andar por ellas, que en tiempo de guerra suben a ellas para su defensión, de manera que son sus fortalezas. No hay caballos, ni se puede andar a caballo por ellas. Tiembla muchas veces la tierra y el mar, tanto que los navíos que navegan, cuando tiembla el mar, parece a los que van en ellos que tocan en algunas piedras. Es cosa para espantar ver temblar la tierra, y principalmente el mar. Muchas de estas islas echan fuego de sí, con un ruido tan grande, que no hay tiro de artillería, por más grande que sea, que haga tanto ruido, y por las partes por donde sale aquel fuego, con el ímpetu grande que viene, trae consigo piedras muy grandes. Por falta de quien predique en estas islas los tormentos del infierno, permite Dios que se abran los infiernos, para confusión de estos infieles y de sus abominables pecados.

13. Cada isla de éstas tiene lengua por sí, y hay isla que cuasi cada lugar de ella tiene habla diferente. La lengua malaya, que es la que se habla en Malaca, es muy general por estas partes. En esta lengua malaya (el tiempo que yo estuve en Malaca) con mucho trabajo saqué el Credo, con una Declaración sobre los artículos, la confesión general, Pater noster, Ave María, Salve Regina, y los mandamientos de la ley, para que me entiendan, cuando les hablo en cosas de importancia. Tienen una grande falta en todas estas islas, que no tienen escrituras, ni saben escrebir sino muy pocos; y la lengua en que escriben, es malaya, y las letras son árabes, que los moros cacices enseñaron a escrebir y enseñan al presente. Antes que se hiciesen moros, no sabían escrebir.

14. En esta isla de Ambueno tengo vista una cosa que jamás en mi vida vi, y es que vi un cabrón, el cual continuamente tiene leche y engendra mucho: no tiene más de una teta junto a los genitales, y da cada día más de una escudilla de leche; los cabritos le beben la leche. Por cosa nueva lo lleva un caballero portugués a la India, para lo enviar a Portugal. Yo por mis manos proprias le saqué una vez leche, no creyendo que era verdad, pareciéndome ser cosa imposible.

15. Un portugués mercader hallé en Malaca, el cual venía de una tierra de grande trato, la cual se llama China. Este mercader me dijo que le demandó un hombre chino muy honrado que venía de la corte del rey [Pekín], muchas cosas, entre las cuales le demandó si los cristianos comían carne de puerco. Respondióle el mercader portugués que sí, y le dijo que por qué le demandaba aquello. Respondió el chino, que en su tierra hay mucha gente entre unas montañas, apartada de la otra gente, la cual no come carne de puerco, y guarda muchas fiestas [quizá cristianos nestorianos]. No sé que gente es ésta, o si son cristianos que guardan la ley vieja y nueva, como hacen los del Preste Juan [cristianos monofisitas de Abisinia], o si son las tribus de los judíos, que no se sabe de ellos, porque ellos no son moros, como todos dicen.

16. De Malaca van todos los años muchos navíos de portugueses a los puertos de la China. Yo tengo encomendado a muchos para que sepan de esta gente, avisándoles que se informen mucho de las ceremonias y costumbres que entre ellos se guardan, para por ellas se poder saber si son cristianos o judíos. Muchos dicen que Santo Tomé Apóstol fue a la China y que hizo muchos cristianos; y que la Iglesia de Grecia, antes que los portugueses señoreasen la India, mandaba obispos para que enseñasen y bautizasen los cristianos que S. Tomé y sus discípulos en estas partes hicieron. Uno de estos obispos dijo, cuando los portugueses ganaron la India, que después que vino de su tierra a la India, oyó decir a los obispos que en la India halló, que Santo Tomé fue a la China y que hizo cristianos. Si supiere cosa cierta, yo os la escribiré para el año que viene; os escribiré lo que por experiencia de estas partes tuviere visto y conoscido.


Doc. 59
A sus compañeros residentes en Roma
Cochín 20 de enero 1548

Hoy no es fácil para nosotros imaginar los peligros y sufrimientos que pasa Javier en sus innumerables navegaciones. Esta carta los refleja claramente, y en ella, en los nn. 21-22, describe también «la perfecta alegría» que el Santo encuentra en la adversidad más absoluta. Es la misma alegría perfecta de San Francisco de Asís (Florecillas I,7).

La gracia y amor de Cristo nuestro Señor sea siempre en nuestra ayuda y favor. Amén.

1. Carísimos padres y hermanos en Cristo Jesús. En el año de 1546 os escrebí largamente de las islas de Ambueno, las cuales están a 60 leguas de la ciudad de Maluco [Ternate]. Esta ciudad de Maluco está poblada de portugueses, donde el rey de Portugal tiene una fortaleza, y señorean los portugueses todas las islas que dan clavo, y no a otras islas que dan clavo, sino estas de Maluco. En las islas de Ambueno estuve tres meses donde hallé siete lugares de cristianos. El tiempo que ahí estuve, me ocupé en bautizar muchas criaturas que estaban por bautizar a falta de padres; porque uno que tenía cargo de ellos, murió había ya muchos días.

2. En acabando de visitar estos lugares, y de bautizar los niños que estaban por bautizar, llegaron siete navíos a estas islas de Ambueno de portugueses, y entre ellos algunos castellanos que vinieron de las Indias del emperador [Nueva España, México] a descubrir nuevas tierras. Estuvieron en Ambueno toda esta gente tres meses. En este tiempo tuve muchas ocupaciones espirituales en predicar los domingos y fiestas, en confesiones continuas, en hacer amistades y visitar los dolientes. Eran de manera las ocupaciones que para estar entre gente no santa y de guerra, no esperaba hallar tantos frutos de paz; porque a poder estar en lugares, en todos ellos hallara ocupaciones espirituales. Alabado sea Dios para siempre jamás, pues comunica tanto su paz a las personas que hacen cuasi profesión de no querer paz con Dios ni menos con sus prójimos.

Pasados estos tres meses, se partieron estos navíos para la India del rey de Portugal, y yo me partí para la ciudad de Maluco, donde estuve tres meses. En este tiempo me ocupé en esta ciudad en predicar los domingos y fiestas todas y confesar continuadamente; todos los días enseñaba a los niños y cristianos nuevamente convertidos a nuestra fe la doctrina cristiana [el Catecismo breve, doc. 14]; y todos los domingos y fiestas, después de comer, predicaba a los nuevamente convertidos a nuestra fe el Credo, en cada día de fiesta un artículo de la fe. De manera que todos los días de guardar hacía dos predicaciones, una en la misa a los portugueses y otra a los nuevamente convertidos, después de comer.

3. Era para dar gracias a nuestro Señor el fruto que Dios hacía en imprimir en los corazones de sus criaturas cantares de su loor y alabanza en gente nuevamente convertida a su fe. Era de manera en Maluco, que por las plazas los niños, y en las casas, de día y de noche, las niñas y mujeres, y en los campos los labradores, y en la mar los pescadores, en lugar de vanas canciones cantaban santos cantares, como el Credo, Pater noster, Ave María, mandamientos, obras de misericordia, y la confesión general, y otras muchas oraciones todas en lenguaje, de manera que todos las entendían, así los nuevamente convertidos a nuestra fe, como los que no lo eran. Quiso Dios nuestro Señor que en los portugueses de esta ciudad y en la gente natural de la tierra, así cristianos como infieles, que en poco tiempo encontré mucho favor a los ojos de ellos.

4. Pasados los tres meses, partí de esta ciudad de Maluco para unas islas que están 60 leguas de Maluco, que se llaman las islas del Moro, porque en éstas había muchos lugares de cristianos y eran pasados muchos días que no eran visitados, así por estar muy apartados de la India, como por haber muerto los naturales de la tierra un Padre que allá fue [Simón Vaz, muerto en 1535]. En aquellas islas bauticé muchas criaturas que hallé por bautizar, y estuve en ellas tres meses y visité en este tiempo todos los lugares de cristianos; consoléme mucho con ellos y ellos conmigo.

Estas islas son muy peligrosas por causa de las muchas guerras que hay entre ellos. Es gente bárbara, carecen de escrituras, no saben leer ni escribir. Es gente que dan ponzoña a los que mal quieren, y de esta manera matan a muchos. Es tierra muy fragosa: todas son sierras y mucho trabajosas de andar. Carecen de mantenimientos corporales. Trigo, vino de uvas no saben qué cosa es. Carnes ni ganados ningunos hay, sino algunos puercos, por grande maravilla. Puercos monteses hay muchos. Muchos lugares carecen de aguas buenas para beber. Hay arroz en abundancia y muchos árboles que se llaman sagueros [palmera sagú], que dan pan y vino, y otros árboles que de su corteza hacen vestidos, con que todos se visten [una faja en la cintura era todo el vestido].

Esta cuenta os doy para que sepáis cuán abundosas islas son éstas de consolaciones espirituales: porque todos estos peligros y trabajos, voluntariosamente tomados por sólo amor y servicio de Dios nuestro Señor, son tesoros abundosos de grandes consolaciones espirituales, en tanta manera, que son islas muy dispuestas y aparejadas para un hombre en pocos años perder la vista de los ojos corporales con abundancia de lágrimas consolativas. Nunca me acuerdo haber tenido tantas y tan continuas consolaciones espirituales, como en estas islas, con tan poco sentimiento de trabajos corporales; andar continuamente en islas, cercadas de enemigos, y pobladas de amigos no muy fijos, y en tierras que de todos remedios para las enfermedades corporales carecen, y cuasi de todas ayudas de causas segundas para conservación de la vida. Mejor es llamarlas islas de esperar en Dios, que no islas de Moro.

5. Hay en estas islas una gente que se llaman tavaros. Son gentiles, los cuales ponen toda su felicidad en matar los que pueden, y dicen que muchas veces matan sus hijos o mujeres cuando no hallan que matar. Estos matan muchos cristianos. Una isla de éstas, cuasi siempre treme [tiembla], y la causa es porque en esta misma isla hay una sierra que continuamente echa fuego de sí y mucha ceniza. Dicen los de la tierra que el grande fuego que debajo está, quema las sierras de piedra que están debajo de tierra; y esto parece ser verdad, porque muchas veces se acontece salir en fuegos piedras tan grandes como grandísimos árboles y cuando hace grande viento, echan los vientos de aquella sierra tanta ceniza para bajo, que los hombres y mujeres que están trabajando en los campos, cuando vienen a sus casas, vienen todos llenos de ceniza, que no les parece sino los ojos y narices y boca, que parecen más demonios que hombres. Esto me dijeron los naturales de la tierra, porque yo no lo vi. El tiempo que ahí estuve, no fueron estas tormentas de viento. Más me dijeron, que cuando aquellos vientos reinan, que la mucha ceniza que los vientos consigo traen, ciega y mata muchos puercos monteses, porque pasados los vientos los hallan muertos.

6. Y también me dijeron los de la tierra, que cuando estos tiempos cursan, que hallan a la orilla de la mar muchos pescados muertos, y esto que lo causaba la mucha ceniza que los vientos traen de aquella sierra; y que los pescados que bebían agua mezclada con tal ceniza, morían. Y cuando ellos me preguntaban qué era aquello, les decía que era un infierno, adonde iban todos los que adoraban en ídolos. Era el tremor de la tierra tan grande, que un día de San Miguel, estando en la iglesia diciendo misa, tremó tanto la tierra, que tenía miedo que no cayese el altar: tal vez San Miguel, por virtud divina, los demonios de aquellas partes que impedían el servicio de Dios, los ponía y mandaba que se fuesen al infierno.

7. Después de haber visitado todos los lugares de cristianos de estas islas, torné otra vez para Maluco, donde estuve otros tres meses, predicando dos veces todos los domingos y fiestas, una por la mañana a los portugueses, y otra después de comer a los cristianos de la tierra, confesando continuadamente por la mañana y por la tarde y a mediodía, enseñando todos los días la doctrina cristiana; y después de la doctrina cristiana acabada, en los domingos y fiestas predicaba a los cristianos de la tierra los artículos de la fe, guardando esta orden: que en cada fiesta declaraba un artículo de la fe, reprendiéndolos mucho de las idolatrías pasadas. En estos tres meses que estuve en Maluco de esta segunda vez, predicaba los miércoles y los viernes a las mujeres de los portugueses solamente, las cuales eran naturales de la tierra, y les predicaba sobre los artículos de la fe, y mandamientos, y sacramentos de la confesión y comunión, porque en este tiempo era Cuaresma, y así por la Pascua muchas se comulgaron, que antes no se comulgaban. Con ayuda de Dios nuestro Señor en estos seis meses que estuve en Maluco, se hizo mucho fruto, así en los portugueses y sus mujeres, hijos y hijas, como en los cristianos de la tierra.

8. Acabada la Cuaresma, con mucho amor de todos, así de los cristianos como de los infieles, partí de Maluco para Malaca. Por la mar no me faltaron ocupaciones y en unas islas [las de Amboina] en que hallé cuatro navíos, estuve con ellos en tierra algunos 15 ó 20 días, donde les prediqué tres veces, confesé a muchos, y hice muchas paces. Cuando me partí de Maluco, por evitar lloros y plantos de mis devotos, amigos y amigas, en la despedida, me embarqué cuasi a media noche. Esto no me bastó para los poder evitar, porque no me podía esconder de ellos; de manera que la noche y el apartamiento de mis hijos y hijas espirituales me ayudaron a sentir alguna falta que, por aventura, mi ausencia les podría hacer para la salvación de sus ánimas.

9. Dejé ordenado antes que de Maluco partiese, cómo todos los días se continuase la doctrina cristiana en una iglesia, y una Declaración que en breve hice sobre los artículos de la fe, se continuasen, y la supiesen en lugar de oraciones los nuevamente convertidos a nuestra fe. Un padre clérigo, devoto y amigo mío [Rodrigo Vaz], quedó que en mi ausencia los enseñaría todos los días dos horas, y un día en la semana predicar a las mujeres de los portugueses sobre los artículos de la fe, y sacramentos de confesión y comunión.

Y también el tiempo que estuve en Maluco, ordené que todas las noches por las plazas se encomendasen las almas del purgatorio, y después todos aquellos que viven en pecado mortal; y esto causaba mucha devoción y perseverancia en los buenos y temor y espanto en los malos. Y así eligieron un hombre los de la ciudad, vestido en hábitos de la [Cofradía de la] Misericordia, que todas las noches, con una linterna en la mano y una campana en la otra, anduviese por las plazas, y de cuando en cuando se parase encomendando con grandes voces las ánimas de los fieles cristianos que están en el purgatorio, y después por la misma orden las ánimas de todos aquellos que perseveran en pecados mortales, sin querer salir de ellos [la misma costumbre introdujo San Ignacio en Azpeitia en 1535], de los cuales se puede bien decir: «Sean borrados del libro de los vivientes y no sean inscritos entre los justos» [Sal 68,29].

10. El rey de Maluco [Hairun] es moro y vasallo del rey de Portugal, y hónrase mucho de lo ser, y cuando en él habla, lo llama «el rey de Portugal mi señor». Habla este rey muy bien portugués. Y las principales islas de Maluco son de moros. Maluco no es tierra firme, son todas islas. Deja el rey de ser cristiano por no querer dejar los vicios carnales, y no por ser devoto de Mahoma. No tiene otra cosa de moro sino ser de pequeño circuncidado, y después de grande ser cien veces casado, porque tiene cien mujeres principales y otras muchas menos principales. Los moros de aquellas partes no tienen doctrina de la secta de Mahoma; carecen de alfaquis [sacerdotes mahometanos], y los que son, saben muy poco, y cuasi todos extranjeros.

11. Este rey me mostraba muchas amistades, en tanto que los moros principales de su reino le tenían a mal; deseaba que yo fuese su amigo, dándome esperanzas que en algún tiempo se haría cristiano: quería que lo amase con esta tacha de moro, diciéndome que cristianos y moros teníamos un Dios común, y que en algún tiempo todos seríamos unos. Holgaba mucho cuando lo visitaba; nunca pude acabar con él que fuese cristiano. Prometióme que haría uno de sus hijos cristiano, de muchos que tiene, con esta condición, que después de cristiano fuese rey de las islas del Moro. De aquí a tres meses, Dios nuestro señor queriendo, le mandará el gobernador de la India todos los despachos que le manda pedir, para que su hijo, después de cristiano, sea rey de las islas del Moro.

12. En el año de 1546 escribí de Ambueno, antes que partiese para Maluco, a los de la Compañía que aquel año vinieron de Portugal, que para el año de 1547, en las naos que partiesen de la India para Malaca, viniesen para aquellas partes algunos de ellos, y así lo hicieron. De manera que partieron de la India para Malaca tres de la Compañía, dos de misa, Joán de Bera y el padre Ribeiro, y Nicolás, lego, los cuales hallé en Malaca, cuando de Maluco venía para Malaca. Con ellos recebí mucha consolación un mes que estuvimos juntos, en ver que eran siervos de Dios, y personas que en aquellas partes de Maluco habían de servir mucho a Dios nuestro Señor. Ellos partieron de Malaca para Maluco en el mes de agosto del año de 1547. Es navegación de dos meses. Diles este tiempo, que con ellos estuve en Malaca, larga información de la tierra de Maluco, de la manera que se había de hacer en ella, conforme a la experiencia que de ella tenía. Están tan lejos de la India, que no podemos haber nuevas de ellos sino una vez en el año. Mucho les encomendé que escribiesen todos los años muy largamente para Roma, dando cuenta menudamente de todo el servicio que a Dios nuestro Señor hacen en aquellas partes, y de la disposición que en ellas hay; y así quedamos que lo habían de hacer.

13. En Malaca estuve 4 meses esperando tiempo para navegar y venir a la India. En estos 4 meses tuve muchas ocupaciones, espirituales todas: predicaba dos veces todos los domingos y fiestas, a los portugueses por la mañana en la misa, y después de comer a los cristianos de la tierra, declarando en cada fiesta a los nuevamente cristianos un artículo de la fe. Acudía tanta gente, que fue necesario ir a la iglesia mayor de la ciudad. En confesiones continuas era muy ocupado; tanto que, por no poder cumplir con todos, estaban muchos mal conmigo; y por ser éstas unas enemistades fundadas en un aborrecimiento de pecados, no me escandalizaba de ellos, mas antes me edificaban viendo sus santos propósitos. Los domingos y fiestas eran muchos los que se comulgaban.

Todos los días después de comer enseñaba la doctrina cristiana. A esta doctrina acudía mucha gente. Venían los hijos y hijas de los portugueses, mujeres y hombres de la tierra nuevamente convertidos a nuestra fe; y la causa por que venían muchos paréceme que era, porque siempre les declaraba alguna parte del Credo. En este tiempo fui muy ocupado en hacer muchas amistades, por causa que los portugueses de la India son muy belicosos. Acabada de enseñar la doctrina cristiana, enseñaba a los niños y a la gente cristiana de la tierra una Declaración, que hice sobre cada artículo de la fe en lenguaje que todos entienden, conformándome con las capacidades de lo que pueden alcanzar a entender los naturales de la tierra, nuevamente convertidos a nuestra santa fe.

Y esta Declaración, en lugar de oraciones, les enseñaba así en Malaca como lo hice en Maluco, para hacer en ellos firme fundamento de creer bien y verdaderamente en Jesucristo, dejando de creer en vanos ídolos. Esta Declaración se puede enseñar en un año, enseñando cada día un poco, 20 palabras que pueden bien decorar. Después que van entendiendo la historia del advenimiento de Jesucristo, y repetidas muchas veces estas declaraciones sobre el Credo, quedan más fijas en la memoria; y de esta manera vienen en conoscimiento de la verdad, y aborrescimiento de las vanas ficciones que los gentiles pasados y presentes escriben de sus ídolos y de sus hechicerías.

14. En esta ciudad dejé muy encomendado a un padre de misa, que enseñase aquella doctrina todos los días de la manera que yo enseñaba, y así me lo prometió de hacer. Espero en Dios nuestro Señor que lo llevará adelante. Fui muy requerido a mi partida de todos los principales de Malaca, para que fuesen allá dos de la Compañía a predicar a ellos y a sus mujeres y cristianos de la tierra, y a enseñar la doctrina cristiana a sus hijos y hijas, y a todos sus esclavos y esclavas, de la manera que yo hacía. Fui tan importunado de ellos, y veo que es tanto servicio de Dios nuestro Señor, y una deuda que les debemos todos, por lo mucho que aman a nuestra Compañía, que me parece que tengo de hacer todo lo posible para que vayan dos de la Compañía este mes de abril del año de 1548, porque en este tiempo parten los navíos de la India para Malaca y para Maluco.

15. Estando en esta ciudad de Malaca, me dieron grandes nuevas unos mercaderes portugueses, hombres de mucho crédito, de unas islas muy grandes, de poco tiempo a esta parte descubiertas, las cuales se llaman las islas de Japón, donde, según parecer de ellos, se haría mucho fruto en acrecentar nuestra santa fe, más que en ningunas otras partes de la India, por ser ella una gente deseosa de saber en grande manera, lo que no tienen estos gentiles de la India.

Vino con estos mercaderes portugueses un japón, llamado por nombre Angeró [Anjiró, noble samurai, nacido en Kagoshima, bautizado en Goa en 1548], en busca mía, por cuanto los portugueses que allá fueron de Malaca, le hablaron de mí, Este Angeró venía con deseo de confesarse conmigo, por cuanto dio parte a los portugueses de ciertos pecados que en su juventud tenía hechos, pidiéndoles remedio para que Dios nuestro Señor le perdonase tan graves pecados. Diéronle por consejo los portugueses que viniese a Malaca con ellos a verse conmigo, y así lo hizo, viniendo a Malaca con ellos; y cuando él vino a Malaca, era yo partido para Maluco, de manera que se tornó a embarcar para ir a su tierra de Japón, como supo que yo era ido para Maluco.

Estando ya a vista de las islas de Japón, dioles una tormenta tan grande de vientos, que se hubieron de perder. Tornó entonces otra vez el navío en que iba, camino de Malaca, donde me halló; y holgó mucho conmigo y me vino a buscar con muchos deseos de saber cosas de nuestra ley. El sabe hablar portugués razonadamente, de manera que él me entendía todo lo que yo le decía, y yo a él lo que me hablaba.

16. Si así son todos los japoneses tan curiosos de saber como Angeró, paréceme que es gente más curiosa de cuantas tierras son descubiertas. Este Angeró escribía los artículos de la fe cuando venía a la doctrina cristiana. y iba muchas veces a la iglesia a rezar: hacíame muchas pregunta; es hombre muy deseoso de saber, que es señal de un hombre se aprovechar mucho, y de venir en poco tiempo en conoscimiento de la verdad. De ahí a ocho días que Angeró llegó a Malaca, partí para la India, y holgara mucho que viniera este japón en la nao en que yo venía; mas por el conoscimiento que tenía con otros portugueses que venían a la India, no le pareció bien dejar la compañía, de la cual tenía recebidas muchas honras y amistades. Espero en Cochín por él de aquí a 10 días.

17. Pregunté a Angeró, si yo fuese con él a su tierra, si se harían cristianos los de Japón. Respondióme que los de su tierra no se harían cristianos luego, diciéndome que primero me harían muchas preguntas, y verían lo que les respondía y lo que yo entendía, y sobre todo si vivía conforme a lo que hablaba; y si hiciese dos cosas, hablar bien y satisfacer a sus preguntas, y vivir sin que me hallasen en qué me reprender, que en medio año, después que tuviesen experiencia de mí, el rey y la gente noble, y toda otra gente de discreción se harían cristianos, diciendo que ellos no son gentes que se rigen sino por razón.

18. A un mercader portugués, amigo mío [Jorge Alvares], que estuvo en Japón muchos días en la tierra de Angeró, le rogué que me diese por escrito alguna información de aquella tierra y de la gente de ella, de lo que había visto y oído a personas que le parecía que hablaban verdad. El me dio esta información tan menuda por escrito, la cual os envío con esta carta mía. Todos los mercaderes portugueses que vienen de Japón, me dicen que, si yo allá fuese, haría mucho servicio a Dios nuestro Señor, más que con los gentiles de la India, por ser gente de mucha razón. Paréceme, por lo que voy sintiendo dentro en mi ánima, que yo, o alguno de la Compañía, antes de dos años iremos a Japón, aunque sea viaje de muchos peligros, así de tormentas grandes y de ladrones chinos que andan por aquel mar a hurtar, donde se pierden muchos navíos.

19. Por tanto rogad a Dios nuestro Señor, carísimos padres y hermanos, por los que allá fueren, porque es una navegación donde muchos navegantes se pierden. En este tiempo Angeró deprenderá más la lengua portuguesa, y verá la India y los portugueses que en ella hay, y nuestra arte y modo de vivir; y en este tiempo catequizarlo hemos, y sacaremos toda la doctrina cristiana en lengua de Japón, con una declaración sobre los artículos de la fe, que trata la historia del advenimiento de Jesucristo nuestro Señor copiosamente, porque Angeró sabe muy bien escribir letra de Japón.

20. Ocho días ha que llegué en la India, y hasta agora no me he visto con los padres de la Compañía, y por esta razón no escribo de ellos ni del fruto que en estas partes tienen hecho después que llegaron. Paréceme que ellos os escriben largamente. En este viaje de Malaca para la India pasamos muchos peligros de grandes tormentas, tres días con tres noches, mayores de los que nunca me vi en la mar. Muchos fueron los que lloraron en vida sus muertes, con prometimientos grandes de jamás navegar, si Dios nuestro Señor de ésta los librase. Todo lo que pudimos echar en el mar, echamos por salvar las vidas.

21. Estando en la mayor fuerza de la tormenta, me encomendé á Dios nuestro Señor, comenzando de tomar primero por valedores en la tierra todos los de la bendita Compañía de Jesús con todos los devotos de ella; y con tanto favor y ayuda, entreguéme todo en las devotísimas oraciones de la esposa de Jesucristo, que es la santa madre Iglesia, la cual delante de su esposo Jesucristo, estando en la tierra, es continuadamente oída en el cielo. No me descuidé de tomar por valedores todos los santos de la gloria del paraíso, comenzando primero por aquellos que, en esta vida fueron de la santa Compañía de Jesús, tomando primeramente por valedora la beata ánima del padre Fabro [muerto en Roma en 1546], con todas las demás que en vida fueron de la Compañía.

Nunca podría acabar de escrebir las consolaciones que recibo, cuando por los de la Compañía, así de los que viven como de los que reinan en el cielo, me encomiendo a Dios nuestro Señor. Entreguéme, puesto en todo peligro, a todos los ángeles, procediendo por las nueve órdenes de ellos, y juntamente a todos los patriarcas, profetas, apóstoles, evangelistas, mártires, confesores, vírgenes, con todos los santos del cielo; y para más firmeza de poder alcanzar perdón de mis infinitísimos pecados, tomé por valedora a la gloriosa Virgen nuestra Señora, pues en el cielo donde está, todo lo que a Dios nuestro Señor pide le otorga.

Y finalmente, puesta toda mi esperanza en los infinitísimos merecimientos de la muerte y pasión de Jesucristo nuestro Redentor y Señor, con todos estos favores y ayudas halléme tan consolado en esta tormenta, tal vez más de lo que fui después de ser libre de ella. Hallar un grandísimo pecador lágrimas de placer y consolación en tanta tribulación, para mí, cuando me acuerdo, es una muy grande confusión; y así rogaba a Dios nuestro Señor en esta tormenta que, si de ésta me librase, no fuese sino para entrar en otras tan grandes o mayores, que fuesen de mayor servicio suyo.

Muchas veces Dios nuestro Señor me tiene dado asentir dentro en mi ánima, de cuántos peligros corporales y espirituales trabajos me tiene guardado por los devotos y continuos sacrificios y oraciones de todos aquellos que debajo de la bendita Compañía de Jesús militan, y de los que están agora en la gloria con mucho triunfo, los cuales en vida militaron y fueron de la dicha Compañía. Esta cuenta os doy, carísimos en Cristo padres y hermanos, de lo mucho que os debo, para que me ayudéis a pagar todos, lo que yo solo ni a Dios ni a vosotros puedo.

22. Cuando comienzo a hablar en esta santa Compañía de Jesús, no sé salir de tan deleitosa comunicación, ni sé acabar de escribir. Mas veo que me es forzado acabar, sin tener voluntad ni hallar fin para ello, por la prisa que tienen las naos. No sé con qué mejor acabe de escribir que confesando a todos los de la Compañía, que si alguna vez me olvidare de la Compañía del nombre de Jesús, sea entregada al olvido mi diestra [Sal 136,5], pues por tantas vías tengo conoscido lo mucho que debo a todos los de la Compañía.

Hízome Dios nuestro Señor tanta merced por vuestros merecimientos, de darme, conforme a esta pobre capacidad mía, conoscimiento de la deuda que a la santa Compañía debo; no digo de toda, porque en mí no hay virtud, ni tanto talento, para igual conoscimiento de deuda tan crescida; mas para evitar en alguna manera pecado de ingratitud, hay, por la misericordia de Dios nuestro Señor, algún conoscimiento, aunque poco. Así ceso rogando a Dios nuestro Señor, que, pues nos juntó en su santa Compañía en esta tan trabajosa vida por su santa misericordia, nos junte en la gloriosa compañía suya del cielo, pues en esta vida tan apartados unos de otros andamos por su amor.

23. Y para que sepáis cuán apartados corporalmente estamos unos de otros, es que, cuando en virtud de la santa obediencia nos mandáis de Roma a los que estamos en Maluco, o a los que fuéremos a Japón, no podéis tener respuesta de lo que nos mandáis en menos de tres años y 9 meses: y para que sepáis que es así como digo, os doy la razón. Cuando de Roma nos escribís a la India, antes que recibamos vuestras cartas en la India, se pasan ocho meses: y después que recebimos vuestras cartas, antes que de la India partan los navíos para Maluco, se pasan ocho meses esperando tiempo: y la nao que parte de la India para Maluco, en ir y tornar a la India, pone veinte y un mes, y esto con muy buenos tiempos; y de la India antes que vaya la respuesta a Roma, se pasan ocho meses: y esto se entiende cuando navegan con muy buenos tiempos, porque, a acontecer algún contraste, alargan el viaje muchas veces más de un año.

De Cochín, a 20 de enero de 1548. Mínimo siervo de los siervos de la Compañía del nombre de Jesús.

Francisco.


Doc. 63
Al Padre Simón Rodrigues, Portugal
Cochín 20 de enero 1548

La gracia y amor de Cristo nuestro Señor sea siempre nuestro favor y ayuda. Amén. Carísimo en Cristo hermano:

1. Por amor y servicio de Dios N. S., hermano maestro Simón, os encomiendo que trabajéis de mandar algunos predicadores de nuestra Compañía, por cuanto hay mucha necesidad de ellos en la India. De todos los que mandasteis, no tengo vistos sino a Juan de Beira y el padre Ribero, y Nicolás [Nunes], lego, los cuales están en Maluco, y Adán Francisco [coadjutor, como Nunes] que hallé en Cochín. Pregunté por los demás; dijéronme que no hay ninguno que predique entre ellos.

Mas os encomiendo mucho, por amor y servicio de Dios nuestro Señor, que cuando ordenáredes de mandar algunos de la Compañía, que no son predicadores, para estas partes de la India para convertir los infieles, que sean personas de mucha probación en la Compañía y de muchas experiencias, de manera que hayan alcanzado muchas victorias por espacio de algunos años; y que no sean dolientes, porque los trabajos de la India requieren también fuerzas corporales, aunque sean más necesarias las espirituales. Muy grande servicio a Dios N. S. haría el Rey, si mandase muchos predicadores de nuestra Compañía a la India, porque habéis de saber, que la gente de la India carece mucho de doctrina. Esto os hago saber por la experiencia que tengo.

2. Y si las cosas del acrescentamiento de nuestra santa fe entre los infieles tienen muchos impedimentos en estas partes, no os espantéis, porque en nosotros hallan la primera y más fuerte contrariedad. Por tanto, me parece que es necesario acudir a nosotros primero, y después a los gentiles. Para el año que viene, por servicio de Dios N. S., que hagáis todo lo posible por mandar predicadores. No os escribo las cosas de la India por causa que no ha sino ocho días que llegué de Malaca, y no sé nada de ellas y de algunas que sé, me pesa de las saber [como la desobediencia de Mansillas, por la que Javier lo despidió de la Compañía]. Paréceme que nuestros compañeros os escriben largamente todo lo de acá.

Las personas que de nuestra Compañía mandáredes para convertir infieles, es necesario que de cada uno de ellos se pueda confiar de lo enviar o solo o acompañado a cualquiera parte que se ofresciere de más servicio de Dios N. S., como a Maluco, China, Japón o Perú, etc. A cualquiera de estas partes pueden ir personas que, aunque no tengan muchas letras, si tuvieren mucha virtud que los acompañe, pueden hacer mucho servicio a Dios nuestro Señor.

3. Por descargo de la consciencia del rey, a quien toda la Compañía debe mucho, por ser tan amigo de ella, le cumple mucho favorecer primero en las cosas espirituales a los suyos, y después a los infieles [ésta fue la orden dada a Javier por Paulo III al nombrarle su Nuncio]. Deseo mucho, para honra y servicio de Dios N. S. y descargo de la consciencia del rey, que provea todas las fortalezas de la India de predicadores de nuestra Compañía, o de la religión de San Francisco, y que no tuviesen otra ocupación especial y principal estos predicadores, sino predicar los domingos y fiestas a los portugueses, y después de comer, a los esclavos y esclavas, y cristianos libertos de la tierra, sobre los artículos de la fe, y un día en la semana a las mujeres y hijas de los portugueses sobre los mismos artículos de la fe, y sobre los sacramentos de la confesión y comunión, porque sé por experiencia la mucha necesidad que de esto tienen.

Trabajaréis con el rey por descargo de su consciencia, porque me parece, y plega a Dios que me engañe, que el buen hombre a la hora de su muerte se ha de hallar muy alcanzado acerca de la India; porque en el cielo me temo que Dios N. S. con todos sus santos dice de él: «El rey muestra buenos deseos por cartas para que se acreciente mi honra en la India, pues con sólo este título en mi nombre la posee, y nunca castiga a los que sus cartas y mandatos no cumplen, y prende y castiga a los que encomienda su provecho temporal, si por cualquiera vía que sea no acrecientan sus rentas y haciendas».

4. Si tuviese para mí que el rey está al cabo de un amor desengañado que le tengo, pedirle hía una merced para le hacer servicio con ella, y es ésta: que todos los días se ocupase un cuarto de hora en pedir a Dios N. S., que le dé a bien entender y mejor sentir dentro en su ánima aquello que dice Cristo: «¿De qué le sirve al hombre el ganar todo el mundo, si pierde su alma?» [Mt 16,26; son las palabras que decidieron la vocación religiosa de Javier] y tomase por devoción que al fin de todas sus oraciones añadiese: «¿De qué le sirve?», etc. Tiempo es, carísimo hermano maestro Simón, de dar un desengaño al rey, pues la hora está más cerca de lo que piensa, en la cual Dios nuestro Señor lo ha de llamar a dar cuenta, diciéndole: «Dame cuenta de tu administración» [Lc 16,2]. Por tanto haced que provea la India de fundamentos espirituales.

5. Hermano mío dilectísimo maestro Simón: sola una vía y camino hallo para que las cosas del servicio de Dios N. S. en estas partes de la India vayan en mucho crescimiento, por la experiencia que tengo, y otra ninguna no, y es ésta: que mande el rey un regimiento [un régimen, una orden] a cualquiera gobernador de la India que fuere, en el cual diga a su gobernador, que de ningún religioso de la India tanto confía como de él (nombrando primero nuestra Compañía), que en estas partes de la India acresciente la fe de Jesucristo; y por tanto que le manda que la isla de Ceilón la haga cristiana y que acreciente los cristianos del Cabo de Comorín, y para esto que busque en estas partes religiosos, dándole todo poder sobre nuestra Compañía para disponer y mandar en ella, y hacer de nosotros y de los demás todo lo que quisiere el gobernador y bien le pareciere para acrecentamiento de nuestra santa fe.

Y si así no lo hiciere, de hacer cristiana toda la isla de Ceilón y acrecentar mucho nuestra fe, que le promete, y para más temor y crean los gobernadores que habla el rey de veras, hacer un juramento y cumplirlo; porque merecerá mucho en hacerlo, y más en cumplirlo; que si no descargaren su consciencia haciendo en estas partes muchos cristianos, que llegando a Lisbona los ha de mandar prender en fierros, dándoles cárcel de muchos años, confiscando toda su hacienda: y si el rey mandare, y los gobernadores no cumplieren el tal mandamiento, y por esto los castigare grandemente. De esta manera se harán todos cristianos en estas partes, y de otra manera no.

6. Ésta es la verdad, hermano maestro Simón; lo demás callo. Y de esta manera cesarán los agravios y robos que hacen a los pobres cristianos, y a los que están para lo ser darán grande ánimo para que se hagan; porque cuando estas cosas de hacer cristianos encomienda el rey a otra persona que a su gobernador, no esperéis ningún fruto. Creedme que digo la verdad y tengo experiencia; y el porqué yo lo sé, no es necesario decirlo. Dos cosas deseo ver en la India: la 1ª, los gobernadores con esta ley; la 2ª, ver en todas las fortalezas de la India predicadores de nuestra Compañía; porque creed que sería mucho servicio de Dios, así en Goa como en todas las otras partes de la India. Dios nuestro Señor sea en nuestra continua guarda. Amén.

De Cochín, a 20 de enero, año de 1548.

Vuestro carísimo hermano en Cristo,

Francisco.


Doc. 70
Al Padre Ignacio de Loyola, Roma
Cochín 12 de enero 1549

La gracia y amor de Cristo nuestro Señor sea siempre en nuestra ayuda y favor. Amén.

Padre mío en las entrañas de Cristo único:

1. Por las cartas principales que escrebimos por la vía de maestro Simón, todos vuestros mínimos hijos de la India, será informada vuestra santa caridad del fruto y servicio que a Dios nuestro Señor se hace en estas partes de la India, con la ayuda de Dios y de sus devotos y santos sacrificios y oraciones, y se hará en lo por venir. Por ésta le hago saber particularmente algunas cosas de estas partes tan remotas de Roma. Primeramente de la gente india natural de estas partes, que son gente, cuanto tengo vista, en general hablando, muy bárbara. Los de la Compañía llevamos mucho trabajo con los que son ya cristianos y se hacen cada día: es necesario que especial cuidado tenga vuestra caridad de todos sus hijos de la India, en encomendarlos a Dios nuestro Señor continuadamente, pues sabe cuán grande trabajo es tener que entender con gente que no conoce a Dios, ni obedece a la razón por la muy grande costumbre de vivir en pecados.

2. Las tierras de estas partes son muy trabajosas por causa de las grandes calmas en el verano, y de vientos y aguas en el invierno, sin haber frío: los mantenimientos corporales en Maluco, Socotora y Cabo de Comorín son pocos, y los trabajos del espíritu y del cuerpo son grandes a maravilla, en tratar con gente de tal cualidad, y las lenguas de estas partes son malas de tomar; y más, los peligros de ambas vidas muchos y trabajosos de evitar. Y para que todos los de la Compañía bendita de Jesús den gracias a Dios nuestro Señor incesables, os hago saber que Dios nuestro Señor, por su infinita misericordia, tiene especial cuidado de todos estos vuestros mínimos hijos de la India en guardarlos de caer en pecados. Somos tan bien quistos y aceptos a todos los portugueses, así eclesiásticos como seglares, y también a los infieles, que es cosa de la cual todos viven espantados. Somos muchos, pasamos de treinta.

3. Los indios de esta tierra, así moros como gentiles, son muy ignorantes todos los que hasta agora tengo visto. Para los que han de andar entre estos infieles, convirtiéndolos, son necesarias muchas virtudes: obediencia, humildad, perseverancia, paciencia, amor al prójimo y mucha castidad, por las muchas ocasiones que hay para pecar, y que sean de buenos juicios y cuerpos para llevar los trabajos. Esta cuenta doy a vuestra caridad por la necesidad que me parece que hay para que pruebe los espíritus de los que de aquí adelante ha de mandar a estas partes de la India; y si no fueren probados por vuestra Caridad, sean por personas de quien mucho confiéis, porque hay necesidad de esto: requiérense personas de mucha castidad y humildad, de manera que no sea notado de soberbia.

4. El que hubiéredes de mandar, padre mío, para que tenga cargo del colegio de Santa Fe de Goa, y de los naturales de la tierra estudiantes, y de los de la Compañía, es necesario que tenga estas dos calidades, dejando aparte todas las otras, que ha de tener el que ha de regir y mandar a otros.

La primera mucha obediencia para se hacer amar, primeramente de todos nuestros mayores eclesiásticos, y después de los seculares que mandan la tierra, de manera que no sientan en él soberbia, mas antes mucha humildad. Esto digo, padre mío, porque la gente de esta tierra, así eclesiástica superior nuestra, como secular que manda la tierra, quiere ser muy obedecida; los cuales, cuando sienten en nos esta obediencia, hacen todo lo que les requerimos y nos aman; y cuando ven, o sienten lo contrario, desedifícanse mucho.

La segunda, que sea afable y apacible con los que conversa, y no riguroso, usando de todos los modos que puede; para se hacer amar, principalmente de los que ha de mandar, así naturales indios, como de los de la Compañía que acá están y han de venir; de manera que no sientan en él que por rigor o temor servil se quiere hacer obedecer; porque sintiendo en él rigor o temor servil, saldrán de la Compañía muchos, y entrarán en ella pocos, así indios como otros que no lo son. Esto os digo, padre mío de mi alma, porque acá poco se edificaron los de la Compañía de un mandado que trujo N. para prender y mandar en fierros presos a Portugal a los que a él pareciese que acá no edifican.

5. Hasta ahora a ninguno me pareció por fuerza, contra su voluntad, si no fuese fuerza de amor y caridad, de tener en la Compañía; mas antes a los que no eran para nuestra Compañía, los despedía, deseando ellos de no salir de ella; y a los que me parecía que eran para la Compañía, con amor y caridad tratarlos, para más los confirmar en ella, pues tantos trabajos llevan en estas partes por servir a Dios nuestro Señor; y también por me parecer que Compañía de Jesús quiere decir Compañía de amor y conformidad de ánimos, y no de rigor ni temor servil. Esta cuenta doy a vuestra santa caridad de estas partes, para que provea de personas suficientes a este cargo para el año, de manera que sepa mandar sin que se enjergue en él deseos de querer mandar, o de ser obedecido, mas antes de ser mandado.

6. Por la experiencia que tengo de estas partes, veo claramente, padre mío único, que por los indios naturales de la tierra no se abre camino como por ellos se perpetúe nuestra Compañía; y que tanto durará en ellos la cristiandad, cuanto duraremos y viviremos los que acá estamos, o de allá mandáredes: y la causa de esto es las muchas persecuciones que padecen los que se hacen cristianos, las cuales serían largas de contar; y por no saber en cuyas manos estas cartas podrán venir, las dejo de escribir. En todas las partes de esta India, donde hay cristianos, hay padres de la Compañía. En Maluco hay cuatro; en Malaca, dos; en el Cabo de Comorín, seis; en Colón [Coulao], dos; en Bazáin, dos; en Socotora, cuatro. Y por estar estos lugares tan remotos unos de otros, como Maluco más de mil leguas de Goa, Malaca quinientas, el Cabo de Comorín doscientas, Colón ciento veinticinco, Bazáin sesenta, Socotora trescientas, en todos estos lugares están padres de la Compañía, a quien dan obediencia los otros de la misma Compañía que están con ellos, por cuanto son personas de mucha edificación; y donde están estas personas de la Compañía, a quien dan obediencia los que están con ellos, no hago ninguna falta.

7. También hago saber a vuestra caridad, que los portugueses en estas partes no señorean sino el mar y los lugares que están a la orilla del mar; de manera que en la tierra firme no son señores, sino en los lugares que ellos viven. Los indios naturales de estas partes son de esta calidad: por sus grandes pecados no son nada inclinados a las cosas de nuestra santa fe, mas antes les aborresce mucho y les pesa mortalmente, cuando les hablamos y rogamos que se hagan cristianos, de manera que al presente consérvanse los cristianos que están hechos. Con todo, si fuesen muy favorecidos los infieles de estas partes de los portugueses, hacerse hían muchos cristianos; mas ven los gentiles que son tan desfavorecidos y perseguidos los que son cristianos, que por esta causa no se quieren hacer.

8. Por estas causas y otras muchas, que serían largas de contar, y por la mucha información que tengo de Japón, que es una isla que está cerca de la China, y porque son todos en Japón gentiles y no hay moros ni judíos y gente muy curiosa y deseosa de saber cosas nuevas, así de Dios como de otras cosas naturales, determiné de ir a esta tierra con mucha satisfacción interior, pareciéndome que entre tal gente se puede perpetuar por ellos mesmos el fruto que en vida los de la Compañía hiciéremos.

Están tres mancebos en el colegio de Santa Fe de Goa de esta tierra de Japón, que vinieron el año 1548 de Malaca, cuando yo vine [uno era Anjiró, noble converso antes aludido; otro Juan de Torres, su criado, traído del Japón, y el tercero Antonio, de Kagoshima, puesto al servicio de Javier], los cuales dan grande información de aquellas partes de Japón, y son personas de buenas costumbres y de grandes ingenios, principalmente Paulo, el cual escribe a vuestra caridad por vía de maestro Simón muy largamente. Paulo en ocho meses aprendió a leer y escribir y hablar portugués; agora hace los ejercicios, y hase de aprovechar mucho; está muy introducido en las cosas de la fe.

Tengo grande esperanza, y ésta toda en Dios nuestro Señor, que se han de hacer muchos cristianos en Japón. Yo voy determinado de ir primeramente adonde está el rey [en Miyako], y después a las universidades donde tienen sus estudios, con grande esperanza en Jesucristo nuestro Señor que me ha de ayudar. La ley que ellos tienen, dice Paulo que fue traída de una tierra que se llama Chengico [Tenjiku, en la India; el budismo fue de la India al Japón, pasando por China], que está pasada la China y después Tartao [Tartaria], según dice Paulo, y en ir de Japón a Chengico y tornar a Japón ponen en el camino tres años. De Japón escribiré a vuestra santa caridad muy larga información, así de sus costumbres, y de sus escrituras, y de lo que enseñan en aquella grande universidad de Chengico [gran escuela budista de bonzos].

9. Porque en toda la China y en Tartao, que es una tierra muy grandísima entre la China y Chengico, según dice Paulo, no tienen otra doctrina sino la que enseñan en Chengico. Como viere las escrituras de Japón y tratare con los de aquellas, universidades, escribiré muy largamente de todo, y no dejaré de escribir a la universidad de París, y por ella serán avisadas todas las otras universidades de Europa. Llevo conmigo un padre de misa, valenciano, llamado por nombre Cosme de Torres, que acá entró en la Compañía, el cual os escribe muy largo, y también los tres mancebos de Japón. Partiremos, con la ayuda de Dios, este mes de abril del año 1549.

10. Habernos de pasar por Malaca y por la China primero y después a Japón, que habrá de Goa a Japón mil y trescientas leguas o más. Nunca podría acabar de escribir cuánta consolación interior siento en hacer este viaje, por ser de muchos y grandes peligros de muerte, de grandes tempestades, de vientos, de bajos y de muchos ladrones: cuando de cuatro navíos los dos se salvan, es grande acierto. Yo no dejaría de ir a Japón, por lo mucho que tengo sentido dentro en mi ánima, aunque tuviese por cierto que me había de ver en los mayores peligros que nunca me vi, por cuanto tengo muy grande esperanza en Dios nuestro Señor que en aquellas partes se ha de acrecentar mucho nuestra santa fe. Por la información que nos dio Paulo de aquella tierra de Japón, veréis la disposición que hay en aquellas partes para servir a Dios nuestro Señor: la información os mando con estas cartas.

11. En estas partes de la India hay catorce o quince fortalezas, en las cuales de asiento viven portugueses, y no viven sino en fortalezas. En estas partes se harían muchos colegios, si el rey favoreciese en los principios dando alguna renta. Yo escribo muy largo a su Alteza sobre estos colegios, y también a maestro Simón, dándole mucha información de estas partes, diciéndole que acertaría mucho si, con vuestro parecer, obediencia y mandado, viniese a estas partes con muchos de la Compañía, entre los cuales viniesen predicadores; porque fácilmente se harían colegios con su venida, con tal que viniese muy favorecido del rey.

A mí me parece, padre mío observantísimo, que acertaría maestro Simón si a estas partes viniese; pues es tan acepto a el rey, vendría muy favorecido de S. A., así para acrecentar colegios, como para favorecer a los que son ya cristianos; y a los que serían, si tuviesen favor. Verá vuestra caridad lo que en esto le parece para proveer en ello, escribiendo a maestro Simón, porque me dijo Antonio Gómez, que está maestro Simón determinado para venir a estas partes con muchos del colegio de Coímbra.

12. Algunas personas de la Compañía que no tienen habilidad para letras ni para predicar, que allá no hacen falta, así en Roma como en otras partes, me parece que acá servirían más a Dios, si fuesen muy mortificados y de muchas experiencias, con las demás virtudes que se requieren para ayudar entre estos infieles; sobre todo que fuesen muy castos, y tuviesen edad y fuerzas corporales para llevar los grandes trabajos de estas partes. Provea en esto vuestra caridad como mejor le pareciere. Haría mucho servicio a Dios nuestro Señor vuestra caridad, si a todos sus mínimos hijos de la India nos escribiese una carta de doctrina y avisos espirituales, como testamento, en que parte con estos desterrados hijos suyos, cuanto es de la vida corporal, las riquezas que Dios nuestro Señor, le tiene comunicado. Por amor y servicio de Dios nuestro Señor, que si pudiese ser que nos escriba.

Un padre de misa de la Compañía está en el Cabo de Comorín, el cual vino de Portugal, por nombre Enrique Enríquez, muy virtuosa persona y de mucha edificación, el cual sabe hablar y escribir malabar [tamul], que hace más fruto que dos otros, por saber la lengua, al cual los cristianos de la tierra aman cosa de espanto, y le dan grande crédito por las predicaciones y pláticas que en su lengua les hace. Por amor de Dios nuestro Señor que le escribáis y consoléis, pues es tan buena persona y hace tanto fruto.

13. A cinco leguas de esta ciudad de Cochín está un colegio muy gracioso [en Cranganor], que hizo un padre de la orden de S. Francisco: es capuchino, por nombre fray Vicente [de Lagos], compañero del obispo [Juan de Alburquerque], que es también fraile de la orden de San Francisco, capuchino. No hay en toda la India más que un obispo, y éste es muy grande amigo de nuestra Compañía; desea el señor obispo conocer a vuestra caridad por cartas. Por servicio de Dios nuestro Señor que, si pudiere ser, que le escribáis. En el colegio que hizo el padre fray Vicente, hay cien estudiantes naturales de la tierra. Este colegio está en una fortaleza del rey. Yo soy muy amigo de este padre, y él mío, y pide un padre de nuestra Compañía sacerdote, que lea en el colegio gramática a los de casa, y también para que los domingos y fiestas predicase a los moradores que viven en la fortaleza, ya los del colegio: alderredor de este colegio hay muchos cristianos del tiempo de Santo Tomé; hay más de sesenta lugares, y los estudiantes de este colegio son hijos de los principales cristianos.

14. En esta fortaleza, donde está este colegio, hay dos iglesias, una de la invocación de Santo Tomé, y la otra, que está dentro del colegio, se llama Santiago. Desea mucho el padre fray Vicente que el día de S. Tomé y el día de Santiago con sus octavas hubiese en estas iglesias indulgencia plenaria para mayor devoción de los cristianos de la tierra, los cuales descienden de los que hizo Santo Tomé, y son muy devotos suyos; llámanlos cristianos de Santo Tomé.

El padre fray Vicente os ruega mucho que le mandéis algún padre de la Compañía para el colegio de Santiago de Cranganor para predicar y enseñar gramática, y también las indulgencias y gracias que pide para estas iglesias de la fortaleza de Cranganor; y con esto lo consolaréis mucho y lo obligaréis a que en vida y en muerte sea nuestro. Encomendóme mucho estas indulgencias: no podríades de creer cuánto las desea; y también sería consolado con una carta vuestra.

15. Deseo mucho, padre mío, que por espacio de un año todos los meses encomendase á algún padre de la Compañía que me dijese una misa en S. Pedro de Montoro, en aquella capilla, donde dicen que S. Pedro fue crucificado. Por amor de nuestro Señor pido a vuestra caridad que dé cargo a alguna persona de casa que me escriba nuevas de todos los profesos de la Compañía, así del número como dónde están, y de cuántos colegios hay, y las obligaciones a que son obligados los profesos, y así muchas otras cosas del fruto que hacen los de la Compañía. Yo dejo ordenado en Goa cómo me manden las cartas a Malaca, y en Malaca me las trasladen por muchas vías, para me las mandar a Japón.

16. Así ceso rogando a vuestra santa caridad, padre mío de mi ánima observantísimo, las rodillas puestas en el suelo el tiempo que ésta escribo, como si presente os tuviese, que me encomendéis mucho a Dios nuestro Señor en vuestros santos y devotos sacrificios y oraciones, que me dé a sentir su santísima voluntad en esta vida presente, y gracia para la cumplir perfectamente. Amén. Y lo mismo encomiendo a todos los de la Compañía.

De Cochín, a 12 de enero año 1549.

Vuestro mínimo y más inútil hijo,

Francisco.


Doc. 85
A la Compañía de Jesús, Europa
Malaca 22 de junio 1549 Jesús.

La gracia y amor de Cristo nuestro Señor sea siempre en nuestra ayuda y favor. Amén.

1. Este enero pasado de 1549 os escribí muy largamente del fruto que en las almas se hace, en estas partes de la India, así en las fortalezas del rey, como en las tierras de los infieles, por lo cual se va acrecentando nuestra santísima fe; y así todos los hermanos de la Compañía escribirán del fruto que en las almas Dios nuestro Señor por ellos hacía.

2. Yo partí de la India para Japón en el mes de abril, con dos compañeros míos, uno de misa [Cosme de Torres] y otro lego [Juan Fernández], con tres japones cristianos [Pablo, Juan y Antonio], los cuales se bautizaron después de ser bien instruidos en los fundamentos de la fe de nuestro Señor Jesucristo. Fueron doctrinados en nuestro colegio de Santa Fe de Goa, donde aprendieron a leer y escribir, e hicieron los Ejercicios Espirituales, con mucho recogimiento y deseo de aprovecharse en ellos. Hízoles Dios tanta merced, dándoles asentir dentro en sus almas, muchos conocimientos de las mercedes y beneficios que de su Criador, Redentor y Señor tienen recibidos. Aprovecháronse tanto en los Ejercicios y fuera de ellos, que, con mucha razón, todos los que acá andamos, deseamos participar de las virtudes que Dios en ellos puso.

3. Saben leer y escribir, y se encomiendan a Dios por libros de rezar. Preguntéles muchas veces en qué oraciones hallaban más gusto y consolación espiritual; decíanme que en rezar la Pasión, de la cual son ellos muy devotos. Tuvieron grandes sentimientos y consolaciones y lágrimas en el tiempo que se ejercitaron.

4. Antes de los Ejercicios, por muchos meses los ocupamos en declararles los artículos de la fe, y los misterios de la vida de Cristo, y la causa de la encarnación del Hijo de Dios en el vientre de la Virgen María, y de la redención de todo el género humano, hecha por Cristo. Preguntéles muchas veces qué les parecía, qué era lo mejor que teníamos en nuestra ley; respondiéronme siempre que era la confesión y comunión, y que les parecía que ningún hombre de razón podía dejar de ser cristiano.

Y después de serles declarada nuestra santa fe, oí decir a uno de ellos, por nombre Paulo de Santa Fe, con muchos suspiros: «¡Oh gentes de Japón, cuitados de vosotros que adoráis por dioses a las criaturas que Dios hizo para servicio de los hombres!» Preguntéle por qué decía esto; respondióme que lo decía por la gente de su tierra, que adoraban al sol y a la luna, siendo el sol y la luna como mozos criados de los que conocen a Jesucristo, que no sirven para más, sino para alumbrar el día y la noche, para que los hombres, con esta claridad, sirvan a Dios, glorificando en la tierra a su Hijo Jesucristo.

5. Llegamos a esta ciudad de Malaca mis dos compañeros y tres japones y yo, el último de mayo del año de 1549. Llegando a esta ciudad de Malaca, nos dieron muchas nuevas de Japón, por cartas de mercaderes portugueses que de allá me escribieron, en que me hacían saber que un señor grande de aquellas islas de Japón quería ser cristiano, y para esto pedía, por una embajada que mandaba al gobernador de la India, padres que le declararan nuestra ley.

6. Más me escribieron: que en cierta tierra de Japón llegaron unos mercaderes portugueses, y el señor de la tierra los mandó agasajar en unas casas deshabitadas, porque los de la tierra no querían morar en ellas, por razón de que eran habitadas del demonio; y después que los portugueses fueron aposentados en ellas, sentían tirarles de las vestiduras, y mirando quiénes eran, no veían ninguna cosa, de que estaban espantados qué podía ser.

Y una noche apareció una visión a un mozo de los portugueses, y comenzó a dar grandes gritos; acudieron los portugueses con sus armas, pensando que era otra cosa; preguntando al mozo por qué gritó, dijo que viera una visión que lo asombrara mucho, y por esta razón gritara; y el mozo, asombrado de la visión que viera, puso muchas cruces alrededor de la casa. Preguntaron los de la tierra a los portugueses qué gritos eran los de aquella noche; respondieron que era un mozo que se espantara. Entonces les descubrió el señor de la tierra, que aquella casa era habitada del demonio. Preguntando los remedios para botarlos fuera, dijéronles que no había otro mejor, que la señal de la cruz. Y después que los portugueses pusieron cruces en casa y fuera de ella, vinieron los de la tierra a hacer lo mismo, y así por todas aquellas partes ponían cruces.

7. Escríbenme de aquella tierra los portugueses, que hay grande disposición para acrecentarse nuestra santa fe, por ser la gente muy avisada y discreta, allegada a razón y deseosa de saber. Confío en Dios nuestro Señor, que se ha de hacer mucho fruto en algunos y en todos los japones; digo en sus almas, si nuestros pecados no nos impidieran, para no querer Dios nuestro Señor servirse de nosotros.

8. Mucho tiempo estuve, después de tener información de Japón, si iría o no allá, para determinarme; y después que Dios nuestro Señor quiso darme a sentir, dentro en mi alma, ser él servido que fuera a Japón, para en aquellas partes servirlo, paréceme que, si lo dejara de hacer, fuera peor de lo que son los infieles de Japón. Mucho trabajó el enemigo para impedirme esta ida; no sé lo que recela de que vayamos nosotros a Japón. Llevamos todos los aparejos para decir misa. Para el año que viene, queriéndolo Dios, escribiré muy más largamente de todo lo que allá pasare.

9. Cuando lleguemos a Japón, vamos determinados de ir a la isla [Hondo, la principal de Japón], donde está el rey, y manifestarle la embajada que, de parte de Jesucristo, llevamos. Dicen que hay grandes estudios cerca de donde el rey está. Muy confiados vamos de la misericordia de Dios nuestro Señor, que nos ha de dar victoria contra sus enemigos. No recelamos vernos con los letrados de aquellas partes, porque quien no conoce a Dios ni a Jesucristo, ¿qué puede saber? Y los que no desean sino la gloria de Dios y la manifestación de Jesucristo, con la salvación de las almas, ¿qué pueden recelar ni temer? No tan solamente yendo entre infieles, mas donde hay multitud de demonios, pues ni la gente bárbara, ni los vientos, ni los demonios, no nos pueden hacer más mal ni enojo, sino cuando Dios les permite y da licencia.

10. Sólo un recelo y miedo llevamos, que es temor de ofender a Dios nuestro Señor, porque cierto tenemos la victoria contra nuestros enemigos, si nos guardamos de ofender a Dios. Y pues a todos Dios nuestro Señor da gracia suficiente, para servirlo y guardarse de pecar, así esperamos en su divina Majestad que nos la dará. Y por cuanto todo nuestro bien o mal está en usar bien o mal de su gracia, confiamos mucho en los merecimientos de la santa madre Iglesia, esposa de Cristo nuestro Señor, y particularmente en los merecimientos de todos los de la Compañía, del nombre de Jesús, y de todos sus devotos y devotas, que nos alcanzarán tanto sus merecimientos, que vendremos a gozar bien de la gracia del Señor Dios.

11. Grande es la consolación que llevamos en ver que Dios nuestro Señor ve las intenciones, voluntades y fines por que vamos a Japón. Y pues nuestra ida es solamente para que las imágenes de Dios conozcan a su Criador, y el Criador sea glorificado por las criaturas que a su imagen y semejanza crió, y para que los límites de la santa madre Iglesia, esposa de Jesucristo, sean acrecentados, vamos muy confiados que tendrá buen suceso nuestro viaje. Dos cosas nos ayudan a los que en este viaje vamos, para vencer los muchos impedimentos que el demonio pone por su parte: la primera es ver que Dios sabe nuestras intenciones; la segunda, ver que todas las criaturas dependen de la voluntad de Dios, y que no pueden hacer cosa sin permitirlo Dios. Hasta los demonios están a obediencia de Dios, porque el enemigo, cuando quería hacer mal a Job, pedía licencia a Dios [Job 1,9-12; 2,3-6].

12. Esto digo por los muchos trabajos y peligros de muerte corporal, en que andamos metidos con tantos riesgos en estas partes. Este viaje a Japón es muy peligroso, de grandes tempestades, de muchos bajos y de muchos ladrones, principalmente de tempestades, porque, cuando de un puerto de estas partes parten tres navíos, y van los dos a salvamento, es grande acierto.

13. Muchas veces pensé que los muchos letrados de nuestra Compañía que a estas partes vinieren, han de sentir algunos trabajos, y no pequeños, en estos peligrosos viajes, pareciéndoles que será tentar a Dios acometer peligros tan evidentes, donde tantas naos se pierden; pero vengo después a pensar que esto no es nada, porque confío en Dios nuestro Señor que las letras de los de nuestra Compañía han de estar señoreadas de espíritu de Dios que en ellos habitará, porque, de otra manera, trabajo tendrán y no pequeño.

Casi siempre llevo delante de mis ojos y entendimiento, lo que muchas veces oí decir a nuestro bienaventurado padre Ignacio, que los que habían de ser de nuestra Compañía, habían de trabajar mucho para vencerse y lanzar de sí todos los temores que impiden a los hombres la fe y esperanza, y confianza en Dios, tomando medios para eso [Ejercicios ignacianos]; y aunque toda la fe, esperanza, confianza sea don de Dios, dala el Señor a quien le place; pero comúnmente a los que se esfuerzan, venciéndose a sí mismos, tomando medios para eso.

14. Mucha diferencia hay del que confía en Dios teniendo todo lo necesario, al que confía en Dios sin tener ninguna cosa, privándose de lo necesario, pudiéndolo tener, por más imitar a Cristo. Y así mucha diferencia hay de los que tienen fe, esperanza y confianza en Dios, fuera de los peligros de muerte, a los que tienen fe, esperanza y confianza en Dios, cuando por su amor y servicio, de voluntad se ponen en peligros casi evidentes de la muerte, pudiéndolos evitar si quisieren, pues queda en su libertad dejarlos o tomarlos. Paréceme que los que en peligros continuos de muerte vivieren, solamente por servir a Dios, sin otro respeto ni fin, que en poco tiempo les vendrá aborrecer la vida y desear la muerte, para vivir y reinar para siempre con Dios en los cielos, pues ésta no es vida, sino una continuada muerte y destierro de la gloria, para la cual somos criados.

15. Dícenme los japoneses, nuestros hermanos y compañeros que con nosotros van a Japón, que se escandalizaran de nosotros en Japón los padres [bonzos] de los japones, si nos vieran comer carne o pez. Vamos determinados de comer continuamente dieta, antes de dar escándalo a ninguno. Dícenos quien de allá viene, que es grande el número de los padres que en Japón hay; y dícenme por nueva muy cierta, que son muy obedecidos del pueblo estos padres, así de los grandes como de los pequeños. Esta cuenta os doy, porque estéis al cabo de cuánta necesidad tenemos los que vamos a Japón, de ser favorecidos y ayudados con las devotas oraciones y santos sacrificios de todos los hermanos de la bendita Compañía del nombre de Jesús.

16. El día, o vísperas de San Juan del año de 1549 partimos de Malaca para Japón; pasamos a vista de la China, sin tomar tierra ni puerto ninguno. De la China a Japón hay doscientas leguas. Dicen los pilotos que a diez o quince de agosto del mismo año llegaremos a Japón. De allá he de escribir tantas cosas y tantas particularidades de la tierra, de las gentes, de sus costumbres y vidas, y de los engaños en que viven acerca de sus escrituras, lo que tienen, los estudios que en la tierra hay, y los ejercicios que en la tierra hay y tienen.

17. Una cosa me dijo Paulo de Santa Fe, Japón, nuestro compañero, de que quedo muy consolado; y es que me dijo que en el monasterio [budista zen] de su tierra, donde hay muchos frailes, y estudio, tienen entre ellos un ejercicio de meditar, el cual es éste: el que tiene cargo de la casa, superior de ellos, que es el más letrado, llámalos a todos y háceles una plática, a manera de predicación, y entonces dice a cada uno de ellos que mediten, por espacio de una hora, sobre este punto:

Cuando un hombre está expirando, que no puede hablar, cuando el alma se despide del cuerpo, si entonces pudiese hablar, en la tal separación y apartamiento del alma, ¿qué cosas diría el alma al cuerpo?; y así también de los que están en el infierno o en el purgatorio, si a esta vida tornasen, ¿qué dirían? y después, pasada la hora, pregunta el superior de casa a cada uno de ellos lo que en la tal hora que meditó, sintió; y si algunas cosas buenas dice, alábalo; y por el contrario lo reprende, cuando dice cosas que no son dignas de memoria.

Dicen que estos padres predican al pueblo de quince en quince días, y acude mucha gente a sus predicaciones, así hombres como mujeres, y que lloran en las predicaciones, principalmente las mujeres; y que el que predica, tiene pintado el infierno y los tormentos de ellos, y que muestra aquellas figuras al pueblo: y esto me lo contó Paulo de Santa Fe.

18. Preguntéle si se acordaba de alguna sentencia que oyese a algún predicador; díjome que se acordaba que oyó una vez a un padre de aquéllos predicando, que un mal hombre o una mala mujer es peor que el diablo, diciendo que los males que por sí no podía hacer, con ayuda de un mal hombre o de una mala mujer los hacía, como hurtar y levantar testimonios, y otros pecados de esta calidad. Dícenme que es gente muy deseosa de saber. Cuando de allá tuviere experiencia, os escribiré muy largo. Dios nuestro Señor, por su infinita misericordia, nos junte en su santa gloria, porque en esta vida no sé cuándo nos veremos; pero la santa obediencia lo puede hacer, y lo que parece difícil, es fácil cuando la obediencia quiere.

Desde Malaca a 22 de junio, año de 1549.

Siervo inútil de todos los hermanos de la Compañía del nombre de Jesús,

Francisco.